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Literatura latinoamericana de los años 60 y 70 en el ámbito berlinés

Patricia Cerda (2017)

Keynote de Puerto Berlín Parataxe Symposium 1. 19 de mayo de 2017

 

En las décadas del 60 y 70 del siglo pasado la literatura latinoamericana se escribía básicamente en París o Barcelona, ciudades elegidas por los autores del boom. Alemania, tanto Occidental como Oriental, no atraía a estos escritores porque quedaba demasiado lejos culturalmente. Pero esto cambió a partir de la década del 70 con el exilio. El hecho de que tanto la RFA como la RDA abrieran sus puertas a los perseguidos políticos de las dictaduras militares de Chile, Argentina y Uruguay inauguró un nuevo capítulo en el intercambio cultural entre Alemania y América Latina. Cincuenta años después es un buen espacio de tiempo para dar una mirada retrospectiva sobre la literatura latinoamericana de esas dos décadas.

 

El autoexilio de los escritores del boom

 

Se llama boom de la literatura latinoamericana a aquel momento en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado en que la literatura latinoamericana se puso de moda fuera del ámbito de América Latina. El interés europeo y mundial en los procesos sociales y políticos que estaba viviendo América Latina – especialmente la revolución cubana, con sus líderes carismáticos y su carácter simbólico, – se trasladó a la literatura. Por otro lado, es característico de la generaciónde los escritores del boom el querer romper con los moldes literarios locales y aceptar influencias europeas y norteamericanas. El peruano Mario Vargas Llosa, el argentino Julio Cortázar, el mexicano Carlos Fuentes y el colombiano Gabriel García Márquez se declaraban tributarios de Flaubert, Kafka, Proust, Poe, Joyce o Faulkner. Siguiendo las modas de los intelectuales europeos y norteamericanos de generaciones precedentes como Rilke, Joyce, Hemingway, Ionesco, los escritores del boom también hicieron su viaje iniciático a Europa, primeramente a la ciudad luz. En la década del 60 la temporada en París era vista como una etapa obligada para la cristalización de la vocación de escritor. Así coincidieron en la misma ciudad escritores de diversos países latinoamericanos que se encontraban para intercambiar ideas y utopías. Este intercambio directo entre escritores y la influencia mutua es también característico de la literatura del boom. La crítica ha visto allí destellos del sueño bolivariano de unidad latinoamericana, ya que se trataba de encontrar imágenes nuevas para expresar la condición latinoamericana. El surrealismo, tan en boga en ese momento en Francia, fue una fuente importante de inspiración para el realismo mágico de Gabriel García Márquez. El colombiano declaró que su novela El coronel no tiene quien le escriba solo podía haber sido escrita en París y que París le dio una perspectiva nueva y resuelta de América Latina[1]. Julio Cortázar tematiza sus vivencia del autoexilio parisino en Rayuela, que fue una de las novelas más importantes del boom. La armonía entre los escritores del boom, sin embargo, se romperá a mediados de la década del 70 por razones políticas o privadas que han sido materia de especulación.

A finales de los sesenta Barcelona relevó a París como ciudad preferida por los literatos por la presencia allí de editoriales como Plaza & Janes y Seix Barral y sobre todo porque allí residía la agente literaria Carmen Balcells. Hoy podría decirse que el boom de la literatura latinoamericana lo hizo Carmen Balcells y su hit fue Cien años de soledad. Si bien la novela fue escrita entre 1965 y 1966 durante la estadía de García Márquez en México y publicada en Buenos Aires en 1967, la venta de sus derechos mundiales se organizó desde Barcelona.

En Alemania la recepción de los escritores del boom fue desfasada debido a la tradicional distancia cultural hacia América Latina. La novela pre-boom del mexicano Juan Rulfo: Pedro Páramo fue una de las primeras novelas latinoamericanas publicadas en la RFA. Fue primeramente publicada en México por el Fondo de Cultura Económica en 1955 y en alemán en la RFA en 1958 por Hanser, en una traducción de Mariana Frenk-Westheim, una exiliada de la Alemania nazi en México. Hubo más de 80 recepciones de Pedro Páramo en Alemania Occidental que muestran más la buena voluntad de los críticos que el entendimiento de lo que evoca la novela: el fracaso de la revolución mexicana y el viaje órfico al hades de un hijo en busca de su padre. En la RDA la publicación de las obras de Rulfo se dio recién en 1976 en la editorial Volk und Welt. En la Alemania socialista el interés estaba más en la literatura de Cuba y en la temática de los dictadores. Después del triunfo de la revolución cubana se publicaron antologías cuidadosamente seleccionadas como Ruderer in der Nacht[2] en la cual no fueron incluídos los escritores críticos de la revolución. La idea era idealizar la revolución cubana y mostrar los procesos que llevaron a ella. La novela El señor presidente del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, publicada por primera vez en México en 1946, apareció en la RFA en 1957 y en 1961 en la RDA. En cuanto a Cien años de soledad, no pasó la censura en la RDA porque el realismo mágico no estaba en la línea del realismo socialista. La novela fue publicada primero en la RFA en 1970 por Kiepenheuer & Witsch y recién en 1975 en la RDA por Aufbau.

 

Literatura del exilio real en Alemania en los años 70

 

El autoexilio de los escritores latinoamericanos en París y Barcelona fue un fenómeno, digamos, soft, comparado con el exilio real de chilenos, argentinos y uruguayos en Alemania en los años 70. Los escritores que se exiliaron en las dos Alemanias trajeron consigo experiencias vitales fuertes que Antonio Skármeta resumió así en su artículo La nueva condición del escritor en el exilio: “La embestida de Pinochet, la muerte de amigos, la tortura de compañeros, el desaparecimiento de hermanos, la prisión de colegas, el exilio de toda una generación transida de futuro…”[3] Si la emoción de los escritores del autoexilio en París y Barcelona era expresar la condición latinoamericana soñando juntos el sueño bolivariano, la de los escritores del exilio real era la confrontación entre bandos irreconciliables en el marco de la Guerra Fría. En Chile la represión fue tan dura que los chilenos nos quedamos con la impresión de que Chile fue el país de América Latina en que más se sintió la Guerra Fría. Fue tal su impacto, que todavía está soterráneamente presente.

A continuación centraré el análisis en la literatura del exilio chileno en ambas Alemanias para iluminar el fenómeno literatura-exilio-sociedad.

La autoconciencia del escritor en el exilio alemán es la de un ser decepcionado por la vida, dolido y muchas veces cargado de rabia. Ya el título de la antología In deinem Schmerz seh ich den neuen Tag. Prosa und Lyrik chilenischer Künstler im Exil (Veo el dolor en tus ojos. Poesía y prosa de artistas chilenos en Berlín), publicada en la RDA por Aufbau en 1978, dice mucho. Incluye los cuentos Angst – Miedo – y Clown de Omar Saavedra Santis, Der Mann mit der Nelke im MundEl hombre con el clavel en la boca de Antonio Skármeta y Das SchweigenEl silenciode Carlos Cerda. Los tres escritores mencionados son emblemáticos del exilio chileno en ambas Alemanias así como también de los conflictos de conciencia de esa generación.

Omar Saavedra Santis, nacido en Valparaíso en 1944, había estudiado periodismo en Chile y trabajado en la redacción del periódico La Popular de su ciudad natal. Según él mismo lo declaró, eligió exiliarse en Alemania Oriental por razones ideológicas. Vivió un tiempo en Leipzig, donde estudió Literatura y después se trasladó a Rostock. En esa ciudad del mar Báltico surgió un centro importante del exilio chileno en torno al Departamento de Ciencias de Latinoamérica de la Universidad Wilhelm-Pieck. En el Volkstheater de Rostock se creó el grupo de teatro “Lautaro” en el que participaron como autores Omar Saavedra y Carlos Cerda. Las novelas y cuentos de Saavedra Santis fueron conformes al gusto del realismo socialista hasta la aparición de Blonder Tango, cuyo título en español es ¿Y qué hago yo en este país donde todos los gatos son rubios?[4] El protagonista es Rogelio, un exiliado chileno solitario que trabaja como iluminador, precisamente, en el Volkstheater de Rostock. Rogelio crea un mundo de mentiras en las cartas que envía a su madre en Chile para no preocuparla. Le cuenta que ha formado una familia y es feliz. Manda incluso fotos de su esposa alemana y su hijo. Que las cartas que le llegan de Chile vienen también con historias inventadas ya que su madre ha muerto hace años y son los parientes quienes le contestan, es algo que Rogelio descubrirá recién al final de la novela. Blonder Tango tuvo mucho éxito en la RDA y fue llevada al cine por Lother Warneke.

El ámbito literario de Omar Saavedra Santis se circunscribió a la RDA. Como la solidaridad de los alemanes orientales con los 3000 exiliados chilenos que llegaron a su país fue un asunto de estado, las novelas de Saavedra Santis ayudaron a los anfitriones a entender la situación de los exiliados chilenos. En 1986 publicó la novela Die große Stadt en la que inventa míticas brigadas de jóvenes que, con el triunfo de la Unidad Popular en 1970, buscan sensibilizar a las masas analfabetas hacia la literatura[5]. La novela se lanzó en la RDA en una edición de 20.000 ejemplares. En Chile fue publicada en el 2014 por Uqbar, una editorial independiente y pequeña, en una edición mucho más reducida de 1000 ejemplares. Es la única obra de Saavedra que fue publicada en Chile.

Carlos Cerda, en cambio, formó parte de lo que se llamó la nueva narrativa chilena que surgió en los años noventa. Nació en Santiago en 1942. En 1973 era profesor de filosofía de la Universidad de Chile, miembro del comité central del partido comunista y jefe de redacción del diario El Siglo, órgano de ese partido. Durante su exilio en la RDA se doctoró en literatura en la Universidad Humboldt de Berlín y fue después docente en la misma universidad. Vivió 12 años en Alemania. Trabajó como autor en el Volkstheater de Rostock y publicó una novela y dos libros de cuentos. En la narrativa de Carlos Cerda los temas fueron evolucionando del testimonio político y la soledad del exilio a una crítica abierta al sistema socialista. La novela Pan de pascua – Weihnachtsbrotes en parte testimonial y en parte ficticia. Puede leerse como un texto informativo sobre el golpe de estado en Chile basado en conversaciones con la hija de Luis Corvalán, entonces secretario general del partido comunista exiliado en la RDA.[6] En el volumen de cuentos Por culpa de nadie, escrito en parte en el exilio y en parte en Chile, Cerda tematiza los problemas de adaptación de los exiliados chilenos en varias ciudades europeas[7]. En Morir en Berlín, novela publicada en Santiago en 1993, el tema es el gueto de los exiliados chilenos en la RDA, la falta de libertad y la sumisión a una omnipresente Oficina (una alusión a la Stasi, órgano de inteligencia de la RDA). El texto evoca las atmósferas kafkianas. Cerda cosechó buenas y malascríticas con esta novela. Se dijo que ese arreglo de cuentas dabía haber venido mucho antes, cuando la RDA todavía existía. Carlos Cerda murió en el 2001 a los 59 años.

El escritor chileno del exilio en la RDA que ha tenido más resonancia en Chile es, sin duda, Roberto Ampuero, nacido en Valparaíso en 1953. Era estudiante de antropología y literatura en la Universidad de Chile y miembro de las juventudes comunistas en 1973. En su exilio en la RDA conoció a su primera esposa, la hija de un general castrista de la primera liga, y se fue con ella a Cuba. En su novela Nuestros años verde olivo, Ampuero da un testimonio del desencanto tanto de su primera esposa como de la revolución cubana. En ella entrega detalles picantes de la intimidad con la madre de su primer hijo y de la maquinaria interna del poder en la isla. Sobra referirse aquí a la decepción de las personas e instituciones mencionadas en la novela. Nuestros años verde olivo fue bien acogida por los lectores de la derecha chilena y por la crítica conservadora. La biografía del escritor Roberto Ampuero es interesante porque en el año 2014 lo tenemos de ministro de cultura del presidente de derecha Sebastián Piñera. Una biografía con sendos cambios de opinión solo es posible en un mundo dividido por ideologías irreconciliables como fue bajo la Guerra Fría. En su novela Detrás del muro, publicada en Chile en el 2014, Ampuero vuelve sobre el tema de la falta de libertad en el sistema socialista. Así, el escritor mantiene viva la polémica y sus libros se venden. Es importante recalcar que la prosa de Roberto Ampuero ha dado que hablar por los temas que plantea, no por su calidad. Para las nuevas generaciones que no se identifican con la Guerra Fría es, sin embargo, rescatable la autocrítica. La izquierda combativa chilena no habría sopesado que con su actitud revolucionaria confrontativa se estaba jugando la institucionalidad chilena. Si ese será o no el juicio de la historia, es algo que está por verse.

Antonio Skármeta, nacido en Antofagasta en 1940, fue el único escritor del exilio chileno en Alemania que ya traía una trayectoria literaria. Había publicado dos libros de cuentos y obtenido becas y el premio Casa de las Américas por su libro Desnudo en el tejado en 1969. Como llegó a Berlín Occidental en 1975 con una beca del DAAD, Skármeta no tuvo que decepcionarse del socialismo. En sus doce años de estadía en Berlín escribió varios libros, entre ellos su novela principal Ardiente paciencia, ambientada en Chile en el período 1969-1973. En ella trata la relación entre el poeta Pablo Neruda y su cartero con una mirada más universal que la de sus colegas. Lo popular, representado por el cartero, está tratado sin espíritu doctrinario. Neruda murió pocos días después del golpe de estado. La novela puede leerse como un testimonio de ese tiempo. Fue llevada dos veces al cine.

Medio siglo después del autoexilio y del exilio real y su literatura se puede decir que los temas del exilio real fueron de carácter más urgente y circunstancial que los de sus antecesores del boom. La literatura del exilio real absorbió completamente la atmósfera de la Guerra Fría. El poema-artefacto de Nicanor Parra, publicado en 1972, que decía textual: La izquierda y la derecha unida jamás serán vencidas”, fue leído por esa generación como el absurdo de un loco traidor. Parra respondió con otro artefacto: Se ruega no confundir el arte en la revolución con la revolución en el arte. En otro artefacto dedicado al Che Guevara, expresó: Perdona la franqueza / hasta la estrella de tu boina / Comandante me parece dudosa / Y sin embargo se me caen las lágrimas.” Parra es el único autor de ese tiempo que sigue vigente para las nuevas generaciones. Roberto Bolaño declaró pocos meses antes de su muerte: “Todo se lo debo a Parra”.

 

El exilio en la BRD como ensanchamiento del horizonte

 

Los escritores del exilio se encontraron con un mundo intelectual alemán abierto e interesado en entender su cultura y su sociedad. Tanto en la RDA como en la RFA el golpe de estado chileno tuvo carácter simbólico. Un presidente elegido por el pueblo es derrotado por la burguesía con ayuda de la CIA. En la RFA el apoyo de los jóvenes de la generación del ’68 fue inmenso. Los 2000 chilenos que llegaron a Alemania Occidental gozaron de una solidaridad nunca antes vista en este país. Ésta vino de partidos políticos, sindicatos y privados. Para organizar mejor el trabajo de solidaridad e integración se formaron los Chile-Komitees. El interés en la sociedad y cultura de los recién llegados incluyó su música y, sobre todo, su literatura. Las pocas novelas antes mencionadas que circulaban de Miguel Ángel Asturias y Juan Rulfo comenzaron a aparecer en las vitrinas de las librerías. Un año después del golpe de estado en Chile la editorial Suhrkamp comenzó a planear un programa sobre literatura latinoamericana que se le encargó a Michi Strausfeld. Como ella misma cuenta, la editorial le pidió que facilitara una lista de autores para ese nuevo programa[8]. En 1975 Suhrkamp publicó una nueva edición de Padro Páramo y en 1976 apareció por primera vez en alemán la segunda publicación de Rulfo, El llano en llamas. Esta vez Rulfo fue presentado como uno de los grandes realistas mágicos latinoamericanos. En 1976 ya había suficientes libros de autores latinoamericanos traducidos al alemán como para que la Feria del Libro de Frankfurt tuviera como tema América Latina. En la apertura de la feria Hans Magnus Enzensberger les pidió a los escritores presentes: Eduardo Galeano, José Donoso, Julio Cortázar, Manuel Scorza y Mario Vargas Llosa que tuvieran paciencia con los alemanes ya que, afirmó, ellos eran: “los últimos descubridores de América Latina”.

La más exitosa escritora del exilio latinoamericano fue, sin duda, Isabel Allende. Allende escribió en su exilio en Caracas una novela bajo el influjo del realismo mágico en que cuenta la historia de la familia Trueba a lo largo de cuatro generaciones: La casa de los espíritus, publicada en 1982. En la novela están presentes los movimientos sociales y políticos del período poscolonial de Chile que llevaron a Allende al poder, la época de la Unidad Popular y el posterior golpe de estado. Fue publicada en alemán por Suhrkamp en 1984 y fue de inmediato un éxito de ventas. Suhrkamp había vendido hasta 1990 dos millones de ejemplares. Se podría decir que el boom fue más bien un fenómeno francés y español y que Isabel Allende fue más bien un fenómeno alemán.

Tanto en la RDA como en la RFA el exilio fue un momento de aprendizaje para todos los implicados: para los establecidos y para los extranjeros[9]. Fue un momento de intenso intercambio intercultural. Por parte de los exiliados estaba el deseo natural de explicar y explicarse el fracaso y por el otro lado estaba el deseo de los alemanes de entender a los exiliados. Lo que quedó de ese tiempo fue un conocimiento del otro y un autoconocimiento a través del otro. Las resonancias del exilio alemán llegaron a América Latina con las novelas mencionadas y por las entrevistas y anécdotas de los escritores. Ellas dieron una visión más diferenciada de Alemania. Es sabido que en el Cono Sur las colonias alemanas descendientes de los emigrantes del siglo XIX apoyaron las dictaduras de derecha. Los alemanes no eran vistos como gente con valores democráticos en América Latina. En la segunda mitad del siglo pasado todavía penaba allí la imágen de la Alemania nazi. La revolución de los valores que tuvo lugar en Alemania Occidental en la segunda mitad del siglo XX recién se hizo palpable en América Latina con la solidaridad que desencadenó la llegada de los exiliados. A la larga, el exilio significó que no solo los alemanes se interesaran por la literatura y la cultura latinoamericana, sino también que los latinoamericanos comenzaron a leer literatura alemana y a ver sus películas. Hoy Alemania no es más un país extraño en América Latina. Hoy Berlín, París y Barcelona están más o menos a la misma distancia cultural del subcontinente. Yo, por mi parte, que escribo mis novelas en esta ciudad, no cambiaría Berlín por ninguna de las otras ciudades mencionada.

[1]

[1] Gabriel García Márquez: Notas de prensa 1980-1984. Madrid, Mondadori, 1991.

[2]

[2] Lene Klein (Ed.): Ruderer in der Nacht. Berlín, 1963.

[3]

[3] Antonio Skármeta: La nueva condición del escritor en el exilio. En Araucariade Chile. N. 19, 1982. P. 133-141.

[4]

[4] Omar Saavedra Santis: Blonder Tango. Verlag Neues Leben. Berlin, 1983.

[5]

[5] Omar Saavedra Santis: Die große Stadt. Verlag Neues Leben. Berlin, 1986.

[6]

[6] Carlos Cerda: Weihnachtsbrot. Berlín, Aufbau-Verlag, 1978.

[7]

[7] Carlos Cerda: Por culpa de nadie. Santiago, 1986.

[8]

[8] Michi Strausfeld: 1974-2004: 30 Jahre Lateinamerika im Suhrkamp/Insel Verlag. In: Diana von Römer und Friedhelm Schmidt-Welle (Hrsg): Lateinamerikanische Literatur im deutschsprachigen Raum. Vervuert Verlag, Frankfurt, 2007: 159-171.

[9]

[9] Parafrase de The Established and the Outsider. Norbert Elias y John L. Scotson: F Cass, Londres, 1965.

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