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Apuntes sobre Berlín y la escritura Latinoamericana

Ethel Barja (2017)

A continuación compartiré con ustedes algunas ideas sobre la relación entre espacio y escritura a propósito de Berlín.

La intervención de las escrituras latinoamericanas ha hecho de Berlín un cruce de caminos, donde se reelaboran cartografías. El significado de Berlín interactúa con significados que lo sobrepasan, debido a su ingreso en un imaginario transnacional.

No hablo aquí de Berlín como entidad empírica, eso que Michel de Certeau llama “lugar”,  y entiende como una mera geometría uniforme.

Tampoco creo que Berlín sea un “no lugar”, eso que Marc Augé define como un pasaje aséptico y estandarizado, por donde circulan bienes e individuos sin involucrarse y  donde el movimiento es solo un  flujo controlado y predecible.

Creo que Berlín se acercaría a lo que de Certeau llama espacio, y define como el producto de prácticas humanas, del hacer del caminante que abre itinerarios inesperados y múltiples.

Aunque tal vez podríamos decir que Berlín no es solo un espacio, sino el desquicio de la espacialidad, debido a que no solo convoca  prácticas humanas; sino que es en sí mismo un hacer. Entiendo Berlín como una especie de software de sincronización de lo heterogéneo, porque en él interactúan espacialidades, identidades y prácticas culturales diversas, y en él es posible una escritura que habita más de un lugar al mismo tiempo.

Asimismo, este Berlín -sincronizador está hecho de actos de escritura heteroglósicos, de la convergencia, choque y vecindad entre lenguas y los mundos que estas configuran. Estos actos de escritura se materializan en circuitos de mediación, que podemos identificar, por ejemplo, en eventos que realizan una transmisión audiovisual e inmediata, como los festivales Zebra Film Poetry y Latinale; mediadores escritos, como las revistas Alba, Iberoamericana, Humboldt, entre otras; las editoriales; en mediadores humanos  involucrados en  la traducción y en la gestión cultural.

Este “Berlín sincronizador” en acción podemos entenderlo, por ejemplo, en la actualización de la poesía peruana de los ochentas que realiza La Revista Alba No 9; o en algunas publicaciones como  la antología experimental Transversalia Horizontes con versos editada por Rike Bolte y Ulrike Prinz, en la que autores alemanes y latinoamericanos se leen y se comentan a través de la simulación de telegramas o la antología Fiebre/Fieber editada por Daniel Bencomo y Timo Berger, que es producto de la traducción colaborativa entre autores mexicanos y alemanes. Es significativo que en ambas muestras de poesía participen algunos autores que formaron parte de Latinale. Vemos en estos ejemplos que lo que llamo Berlín-sincronizador cataliza convergencias creativas y es soporte una compleja red de lazos espaciales inéditos.  De esta forma entender Berlín como un soporte relacional, ofrece un enfoque para pensar la relación entre espacio y escritura más allá de la homogenización de un ensimismamiento cartográfico.

 

 

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