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Latinoamérica en el Berlín de los años 80-90 / Berlín: donde el yo siempre es otro

Latinoamérica en el Berlín de los años 80-90 / Berlín: donde el yo siempre es otro (2017)

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Estimados damas y caballeros, querida Rike Bolte, querido Timo Berger, queridos y queridas representantes del Literarisches Colloquium, querido Jürgen Becker, con quien compartimos más de una experiencia en nuestros tiempos de estudiantes en el LAI, queridos y queridas representantes de Stadtsprachen.

En primer término quiero agradecer de todo corazón la invitación a participar en este evento. El programa me parece excelente ya que da cuenta de un verdadero desiderátum: nada menos que la descripción y la reflexión histórica y actual de Berlín como una ciudad de las literaturas y culturas latinoamericanas, así como del escribir latinoamericano.

Como romanistas estamos familiarizados desde siempre con la idea de París como „la capitale littéraire de l’Amérique Latine“, cosa que de hecho tiene implicancias históricas profundas. Nombro algunos de los autores y autoras del siglo XX: Huidobro, Carpentier, Asturias,  los modernistas brasileros Oswald de Andrade y Sérgio Milliet, así como Victoria Ocampo, Silvina Ocampo, Gabriela Mistral, Octavio Paz, o los autores del así llamado boom, Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, etc., etc… En sus biografías aparece siempre una relación con París; de ahí que desde hace tiempo se hable de “capitale littéraire”. En esta expresión, en efecto meramente descriptiva, resuenan inevitablemente ecos normativos que acompañarán más tarde el debate acerca de la nueva literatura universal, por ejemplo cuando la teórica literaria, Pascale Casanova en su  famoso libro titulado La République mondiale des Lettres, insinúa una normatividad similar, a pesar de que en el fondo solo intente proceder en forma descriptiva.

Pero ante todo ¿por qué hablo aquí de París? Pues porque según mi criterio, en los años 80 comienzan a darse ininterrumpidamente los signos que presentan a Berlín (el Berlín dividido) como otro de los sitios importantes -junto a París- del escribir latinoamericano y la reflexión sobre la literatura latinoamericana; un proceso que prosigue hasta la fecha, desarrollando una dinámica extraordinaria. No obstante, hasta ahora nadie ha llegado a pensar a la ciudad dividida y luego reunificada como capital literaria de Latinoamérica. Probablemente sea mejor así, además de totalmente correcto. Sin embargo, a la inversa, sería necesario hacer patente la importancia de Berlín como sitio de la creatividad y la producción literaria latinoamericanas. Aún nos hallamos en la etapa de recapitulación, del recordar, ordenar y reflexionar. Por ello me alegrará tener a continuación la oportunidad de acercar mis aportes al tema.

Diversos factores, de los cuales quisiera mencionar cinco, contribuyen a este paulatino posicionamiento de Berlín como sitio del pensar y el escribir latinoamericanos:

 

  • La influencia de la situación política:

 

En los años 80 atravesamos una situación política muy difícil, especialmente en Berlín, ciudad que, como “frente de batalla” en la guerra fría, se hallaba recortada por lo que se llamó la “cortina de hierro”. Tal excepcional estatus, no obstante, se había ido convirtiendo en algo casi normal para sus habitantes, quienes de un modo u otro nos habíamos acomodado a la situación.

En los años 80, como hemos escuchado (hoy por la mañana), vivía también un gran número de autores/as e intelectuales latinoamericanos, tanto en el este como en el oeste de la ciudad.[1] Y a pesar de la aparente normalidad de la vida en la ciudad transida por el muro, las vivencias del Berlín dividido fueron tan impactantes como para ser registradas en forma literaria (por ejemplo por Esther Andradi en su libro “Mein Berlín”… en el que se reflejan, en parte, mis propias experiencias… o en la novela de Carlos Cerda sobre Berlín oriental).

 

  • La presencia de la literatura latinoamericana en su traducción al alemán:

 

Ya a comienzos de los ’80 las editoriales, tanto de la RFA como de la RDA, presentaban una considerable cantidad de obras importantes de autores y autoras latinoamericanos en su traducción al alemán. También un buen número de traductores/as y divulgadores literarios y culturales gozaban ya de fama, ante el público interesado, como expertos dedicados a Latinoamérica: p. ej. Günter W. Lorenz, Curt Meyer-Clason, Michi Strausfeld, algo más tarde también Ray-Güde Mertin. En el caso de Berlín oriental habría que comenzar mencionando, quizás, a una serie de editoriales que contaban con un amplio círculo de calificados colaboradores y colaboradoras especializados en Latinoamérica: Aufbau-Verlag, Reclam Verlag Leipzig, Kiepenheuer & Witsch; todas estas editoriales contaban con la colaboración de expertos en Latinoamérica, como por ejemplo el brasilianista Winfried Engler, el científico colombiano Carlos Rincón o el traductor y escritor Fritz Rudolf Fries. Posteriormente serán escritos los interesantes estudios de Marcel Vejmelka sobre Jorge Amado en la RDA y de Jens Kirsten sobre la literatura latinoamericana en la RDA. En lo que se refiere a la RFA, después de la Feria del Libro de Frankfurt de 1976, la editorial Suhrkamp presentaría una serie de volúmenes con artículos académicos sobre la literatura latinoamericana (los „Materialienbände“, un proyecto de Michi Strausfeld). Se trataba entonces de varias obras que se nos ofrecían -según el caso- en las librerías del este o el oeste, muchas veces incluso las traducciones literarias junto a su edición original. En este punto, y como ejemplo de Berlín occidental, quisiera mencionar a Thomas Rübens, un apasionado librero uruguayo-alemán quien, desde su librería “Andenbuch”, ubicada en un principio en la Nollendorfstraße y más tarde en la Knesebeckstraße, no solo nos permitía adquirir libros de literatura latinoamericana sino también descubrir obras nuevas, desconocidas, revolviendo entre sus nutridos anaqueles, además de asistir a lecturas y presentaciones.

 

  • El surgimiento de un creciente interés público:

 

Poco a poco, desde los años 70, se fue desarrollando un interés público más amplio por las literaturas y culturas latinoamericanas (y su música, p. ej. el tango) que probablemente llegaría a manifestarse en forma especialmente evidente en Berlín. Esto sería provocado y estimulado por una serie de acontecimientos culturales de gran envergadura: Pienso otra vez en la Feria del Libro de Frankfurt de 1976, con foco en Latinoamérica y también, sobre todo, en el legendario Festival ‘Horizonte’ de 1982, evento multidisciplinario, cultural y científico que provocaría durante algunas semanas un verdadero hype latinoamericano en Berlín occidental y tendría un prolongado eco.

 

4) La política cultural:

 

Otro factor importante fue la política cultural de las instituciones del entonces Berlín occidental, especialmente el programa para artistas del DAAD, creado en los años 60 (es decir en la fase más crítica de la guerra fría). En este marco, en los años 70 llegarían a Berlín cuatro escritores latinoamericanos, entre ellos Sergio Ramírez, de Nicaragua y el colombiano Oscar Collazos. El número de invitados latinoamericanos llegaría casi a quintuplicarse durante el auge cultural de los ’80: nada menos que 19 autores, aunque entre estos solo hubiese dos mujeres (Cristina Peri Rossi y Fanny Buitrago); de Brasil, al menos, se convocarían seis autores (entre ellos, Ignácio de Loyola Brandão, Rubem Fonseca, Antônio Callado, João Antonio). Entre los autores hispanoamericanos se contaban, a su vez, personalidades tan renombradas como Antonio Cisneros, Jorge Edwards, Carlos Fuentes, Gonzalo Rojas, Miguel Barnet, Luis Fayad y otros. Lo importante es que estas personalidades también tomaron parte en el programa cultural berlinés, ya sea con lecturas o discusiones. Y más tarde algunos publicarían textos sobre Berlín.

 

5) Last but not least: El desarrollo de los Estudios Latinoamericanos académicos:

 

En la academia, es decir en las respectivas communities científicas, tanto del este como del oeste, se fue desarrollando sostenidamente una especialización latinoamericana. La cristalización de los Estudios Latinoamericanos, como disciplina nacida a partir de la filología románica, fue el resultado de un largo y laborioso proceso a través del cual fueron surgiendo auténticos pioneros que se interesaban y comprometían en forma sostenida por y con Latinoamérica, cuyo quehacer fue de gran importancia –obviamente no sólo en Berlín–. No obstante, en el contexto que nos ocupa, quisiera concentrarme en aquellos científicos y científicas radicados en la ciudad del muro: sin dudas deberá ser mencionado Erhard Engler como ejemplo, el infatigable brasilianista de Berlín oriental, así como el hispanoamericanista Carlos Rincón, activo este también en Berlín oriental. Los latinoamericanistas de Berlín occidental, a su vez, junto a otros colegas y entusiastas provenientes de la República Federal y de Suiza, tuvieron en los ’80 la idea de escribir una historia social de la literatura latinoamericana conectada con el gran proyecto histórico-sociológico y -literario de Ángel Ramas, que considerase al desarrollo literario de Latinoamérica como un gran proceso cultural transnacional de transformación y modernización literaria. Como spiritus rector de este proyecto participará el argentino Alejandro Losada (entonces profesor del área de Estudios Latinoamericanos en el Lateinamerika-Institut de la Universidad Libre; FU), así como Thomas Bremer, Ulrich Fleischmann, Ineke Phaf, José Morales Saravia y otros, quienes en parte aún hoy se encuentran vinculados a Berlín. Dicho proyecto sólo podrá ser parcialmente realizado, no por último ya que Alejandro Losada fallecerá trágicamente en un accidente aeronáutico en 1985. También algunos colegas entre los romanistas berlineses trabajaban una y otra vez sobre Latinoamérica, por ejemplo Gisela Beutler y Sebastian Neumeister. En los años 90, entonces, con Carlos Rincón como catedrático del Lateinamerika-Institut, la teoría literaria y los estudios literarios recibirían una nueva orientación al volcarse a las nuevas teorías culturales latinoamericanas y abrirse a la discusión de los postcolonial studies, un cambio de paradigmas que sería parte de mi propia formación. Este cambio de orientación, si se me permite la especulación, tal vez haya sido lo más oportuno que podía ocurrir en un mundo académico que, como el berlinés, también necesitaba reordenarse tras la caída del muro. En este contexto entonces, en los años 90, también comenzará Dieter Ingenschay a hacer sus aportes sustanciales al proyecto latinoamericanístico berlinés, como también lo hizo Ottmar Ette en Potsdam.

A continuación y en un pequeño texto autobiográfico, que también se encuentra a disposición en su versión castellana[2], quisiera evocar, esta vez con una mirada subjetiva y ambiental, al Berlín de aquellos años además de mi propia ligazón con Latinoamérica.

Pero antes me permitiré mencionar otro sitio, de enorme importancia en el intercambio berlinés-latinoamericano: El Instituto Ibero-Americano (IAI) es famoso y apreciado desde hace mucho tiempo por su riquísima biblioteca, sitio central del corpus material de los conocimientos latinoamericanos; también en los ’80 y ’90 la biblioteca del IAI era consultada regularmente por científicos y científicas, y desde luego también por estudiantes como nosotros. De modo que, a menudo,  allí se daban los encuentros más significativos. En los tiempos de mi licenciatura, por ejemplo, solía encontrarme a diario con un científico algo mayor y extremadamente serio; en algún momento, ya que utilizábamos la biblioteca en los mismos horarios, comenzamos a saludarnos mutuamente con una inclinación de cabeza. Hasta que un día, en la parada del ómnibus, el científico me pregunta sobre qué tema estaba investigando en la biblioteca. Se trataba nada menos que del famoso antropólogo y lingüista jesuita Bartomeu Melià, a quien antes de conocerme ya le había llamado la atención mi investigación sobre Darcy Ribeiro. Más tarde Melià me ayudaría a comprender mejor ciertos pasajes de la novela de Darcy Ribeiro que estaba analizando, escritos en lengua pseudo-tupí. Este encuentro, que para mí fue enormemente impactante y formativo, era a su vez típico del el IAI, que desde siempre había sido un espacio de encuentro e intercambio. Por cierto, el IAI es además un sitio de sorprendentes continuidades personales: en los años 80 recibíamos los libros en préstamo de manos del actual director de la biblioteca, el señor Altekrüger.

En este punto sobre el telón de fondo de un interés por Latinoamérica que al mismo tiempo que crece madura, me remito a mi pequeño texto testimonial, un intento de apresar la fascinación por la ciudad del muro y sus transformaciones posteriores.

 

[1]Autores y autoras provenientes de Chile, en especial, pero también de otros países, quienes en parte se establecieron en Berlín por largo tiempo, como p. ej. Antonio Skármeta en Berlín occidental, Omar Saavedra Santis o Carlos Cerda en Berlín oriental o la RDA. La uruguaya Cristina Peri Rossi, desde su exilio español, pasaría un año en Berlín en el marco del programa del DAAD, etc.

[2] En: Ernesto Estrella Cózar/ Jorge Locane (eds.): El tejedor en… Berlín. Antología. Sestao: Bizkaia: La Única Puerta a la Izquierda 2015, pp. 177-181.

 

Übersetzt von Carlos Dante Capella


 

Curiosa e interesada leo y observo desde hace muchos años lo que se publica sobre Berlín escrito por plumas latinoamericanas. Me fascina la percepción siempre cambiante de esta ciudad, la cual desde el fin de la Segunda Guerra Mundial por muchos años se convirtió, con una conciencia dividida, en frente de la Guerra Fría: una mitad, capital socialista; la otra, de algún modo una ciudad bajo gestión capitalista sin poder económico, pero con influencia simbólica en Alemania occidental. Puestos de observación a ambos lados. Después de la Caída del Muro se mantuvo la otredad –esto, como siempre ha reclamado el postulado de “los muros invisibles”, a pesar de los discursos oficiales de la unificación–. La fractura recién comienza a desvanecerse en la experiencia vital de las generaciones más jóvenes.

Fueron surgiendo nuevos e insólitos espacios de vida urbana, una sociedad más colorida, más diversa, con sus conflictos y fricciones, con nuevas formas y formatos de convivencia. De a poco la ciudad fue ubicándose en el foco de la internacionalidad, fue superando el provincianismo condicionado por un muro que de modo tan extravagante la había convertido en esa ciudad “diferente”, tanto en el oeste como en el este.

Como muchos, yo también había llegado a Berlín occidental porque parecía ser un lugar fuera de lo común. Decidí estudiar aquí literatura latinoamericana, la cual por su parte también resultaba desacostumbrada y alternativa, su lejanía literaria y cultural le asignaba una atractiva alteridad.

En ambas mitades de la ciudad muchos latinoamericanos también se encontraban en casa, la mayoría como exiliados –aunque más tarde por propia decisión– principalmente en Berlín occidental. En esta Berlín, sin embargo, también hablaban español los soldados norteamericanos de Puerto Rico; y del otro lado del Muro, los trabajadores cubanos que estaban empleados en la producción.

Alrededor de la ciudad-isla Berlín occidental, en los años 80 se propagaron relatos que provocaban curiosidad: una ciudad de jóvenes y jubilados prácticamente sin sectores medios burgueses, una ciudad de las formas de vida alternativas y del arte joven, de la libertad y el accionar tanto individuales como políticos; aunque algo desprolija, bajo el cielo dividido tomaba forma una apasionante ciudad hippie, punk, new wave y con colorido migrante, que lentamente parecía querer desbancar a París: el “mito Berlín” era una palabra alada. Algo más tarde la promoción turística acuñó el eslogan “Berlín es diferente”. Para los escritores latinoamericanos, mientras tanto, una residencia en Berlín occidental por medio del programa para artistas del DAAD se convirtió, al menos desde la publicación de las exploraciones urbanas realizadas por Ignácio de Loyola Brandão, en un verdadero hallazgo.

Pero esta visibilidad de Berlín en América Latina ya había comenzado con el Festival Horizonte en 1982 cuando las figuras más prominentes de la literatura latinoamericana, como Juan Rulfo, se encontraron en la ciudad amurallada para hablar sobre su escritura. Con Juan Goytisolo, uno de los invitados por el DAAD, subimos por aquella época en un ascensor externo vidriado al Rock-Café en Anhalter Platz para echarle desde allí, con estallidos musicales de fondo, una mirada a la cicatriz de la ciudad que, con sus muros y sus “caballos de Frisia”, grababa la zona de frontera en la silueta urbana. “Un espectáculo abigarrado y onírico que abrevia, sin necesidad de alucinógenos, la prodigiosa irrealidad histórica en que vivimos”, escribió más tarde Goytisolo en un artículo para El País con el título “Crónica berlinesa” que también fue publicado por la revista Freibeuter.

El interés por América Latina al otro lado del muro estaba, comprensiblemente, en primer término dirigido a Cuba, “país hermano”; también a Chile, pero menos a la Nicaragua sandinista. De Cuba llegaban trabajadores a la RDA, de Chile, muchos intelectuales perseguidos por el régimen de Pinochet. Había una activa red académica que se ocupaba científicamente de la literatura latinoamericana, y la difundía con entusiasmo en la RDA. Traducciones de las obras de Jorge Amado, Asturias, Neruda, Carpentier, Barnet, Rulfo, Fuentes, Peri Rossi, Rigoberta Menchú y otros había desde ya, pero también de Borges, cuya edición en cuatro tomos de las Ausgewählte Werke (“Obras selectas”) se vendía en la RDA, debido a la gran demanda, por debajo de la mesa como un producto clandestino. En la RDA se leía mucho y la literatura latinoamericana era especialmente solicitada por su seductor exotismo. Estudiosos y especialistas escribían epílogos sobre los textos y los contextos, mediante licencias recíprocas las traducciones aparecían a ambos lados. Pero la literatura latinoamericana en español también estaba presente en Internationales Buch (“Libro internacional”), en Alexanderplatz, y en otras librerías; nosotros, los estudiantes de literatura latinoamericana de Berlín occidental, encontrábamos allí libros y textos de Cuba. Incluso hoy se pueden apreciar facetas de la vida latinoamericana en la RDA representadas en textos literarios, por ejemplo, en la novela de Carlos Cerda, muy controvertida en Chile.

La Caída del Muro desarticuló todas estas constelaciones por completo. “Sentirse extraño en su propia casa”, escribió Ignacio Sotelo, politólogo y experto en América Latina, afincado en Berlín occidental. La ciudad se convirtió, entonces, en zona de obras, luego en “centro de exhibición”, como se comercializó turísticamente Potsdamer Platz –lo que había sido tierra de nadie atravesada por el Muro– durante los años 90 con su mastodóntica zona de obras. Sin embargo, Berlín devino ante todo una zona de obras mental: se trata de la fundición y refundición de identidades, del derribo y regeneración de fronteras, de esos muros invisibles que el escritor ítalomexicano Fabio Morábito, al igual que otros, percibía incluso años después de la Caída. Identidades del este y del oeste, un laborioso reencuentro de la modernidad en clave RDA y de la posmodernidad occidental en una creciente internacionalización. La tierra de nadie como centro vacío de Berlín: espacios irreales en medio de una metrópoli europea a fines del siglo XX. Espacio de quimeras, exposiciones, proyectos, mercados y de fiestas efímeras que, no obstante, pronto debe ser ocupado. Precisamente, este pasajero territorio de frontera, que real e imaginariamente se opone a su propia volatilidad, ha devenido fuente de inspiración literaria. Escenario de thrillers, historias de búsqueda, cruces de fronteras, “lost in transition” entre el aquí y el allá, entre el pasado y el presente bajo el cielo único de Berlín. Después de la Caída, progresivamente, se inscriben cada vez más escritor’s de lengua portuguesa y española en este territorio real e imaginario de Berlín, cuya identidad siempre ha sido un mosaico de barrios y Kieze reimpreso en la heterogeneidad cultural de sus habitantes. Hoy Berlín es alteridad vivida: con ánimo pragmáticamente reposado, por momentos indiferente, nunca libre de conflictos, pero también con curiosidad e interés. Despejada de excentricismos porque la ciudad es demasiado pobre. Esta “serenidad comedida de lo cotidiano”, con la que evidentemente se puede vivir bien, como lo prueba el sostenido atractivo de Berlín, está condicionada históricamente. Es consecuencia y enseñanza de la obsesión identitaria nacionalista del Nacionalsocialismo y la subsecuente división de la ciudad y su población. Ahí se establece la base para una permanente experiencia de la diferencia que no ha podido ser extirpada. ¿Cómo podrían haberse evaporado repentinamente después de 1989 estas experiencias de alteridad inscriptas en el sustrato profundo de la ciudad? Su otredad, no obstante, se ha relativizado, ramificado, reduplicado, internacionalizado y pluralizado.

Berlín es un amplio campo de diferencias que son permanentemente renegociadas y equilibradas en el diario convivir. ¿Cómo podría esta ciudad no ser lugar para una poesía diversa, una poesía de la diversidad, incluso de escritor’s que escriben en español como lo muestra de manera ejemplar esta antología? Berlín no necesariamente es tema y objeto concreto de esta poesía, sin embargo, resuena como lugar de su génesis, como experiencia estética, como el adecuado punto de enlace donde el yo siempre es otro.

 

Berlín, marzo de 2015

Del alemán por Jorge J. Loca

 

Erstmals erschienen in: Ernesto Estrella Cózar / Jorge Locane (eds.): El Tejedor en… Berlín. Antología. Sestao, Bizkaia: La Única Puera a la Izquierda 2015        

 

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