{"id":13456,"date":"2019-02-13T10:32:18","date_gmt":"2019-02-13T09:32:18","guid":{"rendered":"https:\/\/magazin.stadtsprachen.de\/text\/saltar-a-la-cuerda\/"},"modified":"2020-11-17T16:28:32","modified_gmt":"2020-11-17T15:28:32","slug":"saltar-a-la-cuerda","status":"publish","type":"stsp_text","link":"https:\/\/stadtsprachen.de\/de\/text\/saltar-a-la-cuerda\/","title":{"rendered":"Saltar a la cuerda"},"content":{"rendered":"<p>Nunca aprend\u00ed a saltar a la cuerda. Las ni\u00f1as m\u00e1s modernas de mi colegio cat\u00f3lico lo hac\u00edan muy bien. Cada vez que las ve\u00eda saltando, sent\u00eda un calambrazo de envidia subi\u00e9ndome por las piernas torpes y llenas de ara\u00f1azos. Algunas de las ni\u00f1as eran grandes y fuertes como boxeadores, rebotaban arriba y abajo dentro de un cuadril\u00e1tero invisible, en el patio de aquella escuela franquista. Las m\u00e1s chulas contaban los saltos\u00a0 mientras un grupo\u00a0 se juntaba a su alrededor, repitiendo \u00a0las cifras en voz alta. Algunas veces hasta llegaban a cantar n\u00fameros de tres d\u00edgitos. Yo lo intent\u00e9 una y otra vez, pero no pod\u00eda ni lanzar la cuerda sobre mi cabeza. Lo intent\u00e9 una y otra vez hasta que casi me ahorco.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una monja que s\u00ed pod\u00eda. No era cualquier monja. La madre Antonia era la hermana calasancia m\u00e1s joven, m\u00e1s sexy\u00a0 y m\u00e1s rebelde de toda la escuela; y probablemente del mundo. No solo hablaba con un marcado acento franc\u00e9s y se parec\u00eda a Brigitte Bardott, sino que saltaba a la cuerda como nadie, o como lo hac\u00eda Perico Fern\u00e1ndez en los nodos de las pel\u00edculas del Teatro Col\u00f3n. Aquellos s\u00ed que eran saltos. La madre Antonia se levantaba los h\u00e1bitos por encima de las rodillas blancas y redondas, ajust\u00e1ndoselos en un cintur\u00f3n de cuero gastado y lanzaba la cuerda al aire, saltando furiosamente como si estuviera pisando las uvas Bordeaux m\u00e1s maduras o ejercitando alg\u00fan exorcismo.<\/p>\n<p>Saltaba lo imposible. Saltaba hasta que se le enrojec\u00edan las mejillas y no sent\u00eda los tobillos de tanto rebotar. Saltaba como si quisiera sacudir su alma, con la boca media abierta, lista para alg\u00fan anhelo invisible. Sus ojos lo m\u00e1s verde posible, a\u00f1orando tranquilamente. Con cada salto se iba, desaparec\u00eda\u00a0 en un sue\u00f1o intangible. Sus pechos se desataban, se liberaban, quit\u00e1ndome el aliento. Algunas veces se le ca\u00eda la toca, revelando su pelo grueso, rojo y enmara\u00f1ado.<\/p>\n<p>Recuerdo verla saltar la cuerda como mi primera mirada a una fantas\u00eda de felicidad, libertad y deseo desencadenado. Para m\u00ed era una diosa rebosante, una diosa a la que admiraba silenciosamente\u00a0 desde mis ochos a\u00f1os, dentro de mi uniforme\u00a0 cat\u00f3lico. Sus saltos eran un ritual sexual y sagrado que me quitaba el ox\u00edgeno de los pulmones, resaltaba el color de mi cara y a\u00f1ad\u00eda un cosquilleo a mi entrepierna. Sus acrobacias eran un S\u00cd, en un mundo gris inflado de NO.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del recreo, ella tambi\u00e9n se quedaba sin aliento. Se tumbaba en la\u00a0 hierba y le ped\u00eda a una ni\u00f1a mayor que le diera un masaje en las piernas y los tobillos. Algunas veces se tumbaba con los ojos cerrados,\u00a0 sintiendo solo las manos inexpertas en su piel. Se ataba la cuerda alrededor de la cintura\u00a0 y el cuello, convirti\u00e9ndose en una bell\u00edsima m\u00e1rtir sudorosa, de mejillas enrojecidas.\u00a0 Yo simplemente me quedaba all\u00ed parada, una ni\u00f1a invisible que se comportaba bien, contemplando las curvas que aparec\u00edan bajo su toga.<\/p>\n<p>Con frecuencia el padre Julio se sentaba a mi lado. Era un cura guapo, con una gran sonrisa. Todas las ni\u00f1as dec\u00edan que parec\u00eda una estrella de cine, oscuro, alto y fuerte. Pero tambi\u00e9n era divertido y jugaba al baloncesto con los chavales de octavo. Se sentaba junto a m\u00ed y encend\u00eda un cigarrillo sin perder ni un brinco. Yo sab\u00eda cuando se acercaba porque pod\u00eda sentir su olor, una mezcla de sudor y cigarrillos. Siempre iba a su confesionario porque era muy relajado a la hora de rega\u00f1arnos y hacernos rezar. Me gustaba su estilo y que le gustara la madre Antonia tanto como a m\u00ed. Juntos\u00a0 disfrut\u00e1bamos verla saltar. Me daba caramelos de tofe, as\u00ed que los dos la mir\u00e1bamos con la boca hinchada de az\u00facar, sorbiendo la glucosa que nos acariciaba las enc\u00edas.<\/p>\n<p>Disfrutamos a la madre Antonia hasta que una d\u00eda la encontraron muerta. No entend\u00ed porque ya no estaba all\u00ed o porque nadie nos explicaba nada sobre su desaparici\u00f3n. M\u00e1s tarde supe que se hab\u00eda suicidado. Una de las ni\u00f1azas boxeadoras iba por ah\u00ed dici\u00e9ndole a todo el mundo que su madre, que trabajaba limpiando en la escuela, se la hab\u00eda encontrado colgada de un ventilador de techo. La cuerda con un nudo alrededor del cuello. El cuerpo dando vueltas en c\u00edrculos, siguiendo la trayectoria de las aspas.<\/p>\n<p>Tras su muerte no volv\u00ed a ver al padre Julio hasta quince a\u00f1os m\u00e1s tarde. Me lo encontr\u00e9 en un oscuro bar de Malasa\u00f1a que entonces nos gustaba mucho, en San Vicente Ferrer esquina con Santa Luc\u00eda. Yo estaba con gente de la oficina. Era Navidad y todos llev\u00e1bamos ya algunas copas. El padre Julio o ahora simplemente Julio, el barman, parec\u00eda m\u00e1s arrugado, m\u00e1s gastado, pero se hab\u00eda guardado aquella sonrisa que reconoc\u00ed al instante.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un rato de compartir recuerdos, me cont\u00f3 la muerte de la madre Antonia. Le hab\u00eda llevado a\u00f1os entender que saltaba a la cuerda para deshacerse del beb\u00e9. Al final no pudo aguantar la verg\u00fcenza. La ma\u00f1ana que la encontraron, \u00e9l conduc\u00eda de vuelta a la ciudad. Hab\u00eda pasado la noche a las afueras, administrando los \u00faltimos ritos a alguien que tambi\u00e9n hab\u00eda fallecido esa madrugada. &#8222;Y lo m\u00e1s triste es que me hubiera casado con ella&#8220;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca aprend\u00ed a saltar a la cuerda. Las ni\u00f1as m\u00e1s modernas de mi colegio cat\u00f3lico lo hac\u00edan muy bien. 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