{"id":13680,"date":"2017-08-09T11:20:59","date_gmt":"2017-08-09T09:20:59","guid":{"rendered":"https:\/\/magazin.stadtsprachen.de\/text\/luz-en-berlin\/"},"modified":"2022-06-05T18:22:17","modified_gmt":"2022-06-05T16:22:17","slug":"luz-en-berlin","status":"publish","type":"stsp_text","link":"https:\/\/stadtsprachen.de\/de\/text\/luz-en-berlin\/","title":{"rendered":"Luz en Berl\u00edn"},"content":{"rendered":"<p><em>The following texts are different extracts of a working version from an, as of yet unpublished, longer text. The copyright is held by Patricia Cerda.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>1987-1988<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un d\u00eda de aburrimiento, d\u00eda nublado y ruidoso en Santiago de Chile, decid\u00ed matar el tiempo viendo por tercera vez una pel\u00edcula de Werner Herzog que mostraban en el Instituto Goethe, <em>Aguirre o la ira de Dios.<\/em> Se trataba de las aventuras del conquistador Lope de Aguirre que en 1561 se revel\u00f3 contra la corona espa\u00f1ola y sus representantes oficiales en Per\u00fa. Cuando uno se sabe el argumento puede concentrarse en las cosas que le gustaron especialmente. A m\u00ed me encanta como Klaus Kinski interpreta a este conquistador frustrado que sali\u00f3 por su cuenta en busca de El Dorado y <em>solo<\/em> encontr\u00f3 paisaje, animales y seres humanos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo iba mucho al Instituto Goethe porque me sent\u00eda bien all\u00ed, aunque no hablaba nada de alem\u00e1n. El Goethe era un espacio democr\u00e1tico en el Chile de Pinochet, un oasis en el desierto de la actividad intelectual y cultural chilena bajo la dictadura. Sol\u00eda visitar las exposiciones, disfrutar de las veladas literarias, dar mi opini\u00f3n en los foros sobre temas de pol\u00edtica y actualidad y ver pel\u00edculas del entonces nuevo cine alem\u00e1n. Como llegu\u00e9 media hora antes de que comenzara la pel\u00edcula, tuve tiempo para leer los paneles. Entre los avisos hab\u00eda uno del DAAD (Servicio Alem\u00e1n para el Intercambio Acad\u00e9mico) que anunciaba la apertura de la temporada de postulaci\u00f3n para doctorarse en universidades alemanas. Los interesados pod\u00edan pasar a retirar las bases y el formulario en secretar\u00eda, oficina 223 en el segundo piso. Tambi\u00e9n se pod\u00eda pedir informaci\u00f3n en una oficina en Bonn, cuya direcci\u00f3n aparec\u00eda en el aviso. Como obedeciendo \u00f3rdenes, sub\u00ed al segundo piso, entr\u00e9 a la oficina indicada y le ped\u00ed a la secretaria el formulario de postulaci\u00f3n. Dobl\u00e9 el papel, lo met\u00ed en mi cartera y entr\u00e9 a disfrutar a Klaus Kinski por tercera vez en alem\u00e1n con subt\u00edtulos en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un doctorado en Alemania ten\u00eda algo de aventurero. Yo estaba terminando mi trabajo de licenciatura en filosof\u00eda. Su t\u00edtulo: <em>La idea de la Guerra Defensiva en el reino de Chile en el siglo XVII.<\/em> Se trataba de la discusi\u00f3n que mantuvo el jesu\u00edta Luis de Valdivia con los encomenderos del naciente reino de Chile sobre el mejor modo de conquistar a los indios mapuches. No ten\u00eda idea de lo que iba a hacer cuando terminara mis estudios. Ir a doctorarse a Alemania no era nada en comparaci\u00f3n con las aventuras de un Lope de Aguirre. O sea que \u00bfpor qu\u00e9 no? Segu\u00ed d\u00e1ndole vueltas al asunto despu\u00e9s de la pel\u00edcula, en el bus, camino a mi departamento. Si Lope de Aguirre se jug\u00f3 la vida recorriendo medio continente americano despu\u00e9s de declarar nulas las jerarqu\u00edas de su tiempo, \u00bfpor qu\u00e9 no iba yo a arriesgarme a cruzar el Atl\u00e1ntico en avi\u00f3n, a ver qu\u00e9 me esperaba en ese pa\u00eds desconocido? En la ma\u00f1ana siguiente, mientras desayunba sola \u2013 porque mi conviviente Helena andaba en Concepci\u00f3n visitando a sus padres &#8211; la idea sigui\u00f3 dando vueltas en mi cabeza. A las 11 part\u00ed a la universidad a comentarlo con Herrera, un profesor cercano. El Instituto de Filosof\u00eda de la Universidad de Chile quedaba entonces en La Reina. El bus se demoraba m\u00e1s de media hora desde Providencia, donde viv\u00edamos Helena y yo. A Herrera le pareci\u00f3 una buena idea.<\/p>\n<p>Con las notas que usted tiene, lo m\u00e1s probable es que le den la beca.<\/p>\n<p>Me cont\u00f3 que dos ex alumnos suyos hab\u00edan ido a doctorarse a Alemania, uno de ellos, Federico Romo, a Berl\u00edn, sobre Arist\u00f3teles. Herrera le hab\u00eda escribi\u00f3 una carta de recomendaci\u00f3n para el DAAD y ofreci\u00f3 hacer lo mismo conmigo. Sal\u00ed de su oficina todav\u00eda m\u00e1s entusiasmada y m\u00e1s ansiosa. O sea que las becas eran reales y ganarla estaba dentro de mis posiblidades.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se lo cont\u00e9 a Helena en cuanto regres\u00f3 de Concepci\u00f3n. Est\u00e1bamos sentadas en la terracita de nuestro departamento tomando una infusi\u00f3n de hierbas y casi se le cay\u00f3 la taza. Desde que estaba en el segundo semestre de Filosof\u00eda compart\u00edamos ese departamentito en las Torres de Tajamar. Helena y yo \u00e9ramos dos penquistas que le vida junt\u00f3 en la capital. En Concepci\u00f3n nunca nos hab\u00edamos topado, a pesar de que no es una ciudad grande. Eso se debe a que Helena viene de una familia con m\u00e1s recursos que la m\u00eda. Sus padres son m\u00e9dicos. En Concepci\u00f3n Helena viv\u00eda en la avenida Pedro de Valdivia, en la orilla norte del r\u00edo B\u00edo-B\u00edo, e iba al colegio Concepci\u00f3n. Yo viv\u00eda en un edificio de la Corvi en el barrio de San Pedro, al otro lado del r\u00edo, y estudiaba en el Liceo de Ni\u00f1as de mi barrio. La Corvi construy\u00f3 muchos edificios para la clase media en los a\u00f1os 60 y en uno de ellos viv\u00eda yo con mi mam\u00e1. \u00c9ramos solo las dos desde que mis padres se separaron el 73 cuando yo ten\u00eda 10 a\u00f1os. Helena me habl\u00f3 al final de una clase de filosof\u00eda cl\u00e1sica. Quiso saber, precisamente, de d\u00f3nde ven\u00eda. Nos ca\u00edmos bien. Concordamos en que los santiaguinos son m\u00e1s fr\u00edos y distantes que la gente del sur. Me cont\u00f3 que hab\u00eda otro penquista en nuestra carrera, V\u00edctor Reuther, un descendiente de alemanes. Ella lo conoc\u00eda de Concepci\u00f3n. Pocos d\u00edas despu\u00e9s me lo present\u00f3. Era rubio, alto, de los hombres que en Chile pasan por buenos mozos y en Alemania como uno m\u00e1s del mont\u00f3n. Nos visitaba a menudo porque quer\u00eda <em>algo<\/em> con Helena. En una de esas visitas, ella le coment\u00f3:<\/p>\n<p>A Luz se le meti\u00f3 la idea de hacer un doctorado en Alemania y yo la voy a ir a visitar.<\/p>\n<p>Fue como una premonici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>bersetzt von Rike<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Preparativos<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estaba en plenos preparativos cuando tuve un encuentro inesperado en un bus entre Providencia y el centro; un encuentro, digamos, de<em> alta potencialidad<\/em>: una ocasi\u00f3n. Aunque en ese momento no la vi como tal. Para verla as\u00ed hubiera tenido que ser adivina. Me dirig\u00eda con Helena a una oficina en la calle MacIver en que se hac\u00edan traducciones oficiales de documentos del espa\u00f1ol al alem\u00e1n. Iba comentando con Helena lo que hab\u00eda le\u00eddo sobre la ciudad amurallada cuando de pronto me interrumpi\u00f3 una mujer que iba sentada en el asiento de atr\u00e1s. Me toc\u00f3 el hombro. Yo me volte\u00e9 sorprendida.<\/p>\n<p>&#8211; Perd\u00f3n que la moleste, se\u00f1orita, \u00bfpuedo preguntarle a cu\u00e1l Berl\u00edn se va usted? Era una mujer sencilla. Hab\u00eda ansiedad en su mirada.<\/p>\n<p>&#8211; A Berl\u00edn Occidental, respond\u00ed y debo haber puesto cara de \u00bf<em>y a usted qu\u00e9 le importa<\/em>?<\/p>\n<p>&#8211; Ah ya, dijo, decepcionada.<\/p>\n<p>Yo segu\u00ed conversando con Helena. Me coment\u00f3, medio en broma y medio en serio, que ya hab\u00eda comenzado a juntar plata para ir a visitarme.<\/p>\n<p>Cuando pas\u00e1bamos por la plaza Italia la mujer volvi\u00f3 a tocarme el hombro.<\/p>\n<p>Otra vez me volte\u00e9. Rara situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPuedo cruzar un par de palabras con usted?<\/p>\n<p>&#8211; D\u00edgame, la escucho.<\/p>\n<p>&#8211; Pero no aqu\u00ed, dijo, mirando a nuestro alrededor. \u00bfD\u00f3nde se va a bajar?<\/p>\n<p>&#8211; Frente a la Biblioteca Nacional. B\u00e1jese conmigo si quiere, ah\u00ed me cuenta, le ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, as\u00ed lo har\u00e9. Gracias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Helena y yo quedamos curiosas. Ya no seguimos comentando nuestros planes. Esperamos a ver de\u00a0 qu\u00e9 quer\u00eda hablar la mujer que, efectivamente, se baj\u00f3 con nosotras frente a la biblioteca. Tendr\u00eda unos 45 a\u00f1os, quiz\u00e1s menos. Su rostro era mestizo, razgos agradables, pelo oscuro. Helena propuso que nos sent\u00e1ramos en una banca del cerro Santa Luc\u00eda a pocos metros de all\u00ed. Reci\u00e9n entonces se present\u00f3 como Macarena Pinto. Dijo ser la madre de un exiliado que viv\u00eda en Berl\u00edn Oriental.<\/p>\n<p>&#8211; Por lo menos ah\u00ed estaba cuando dio la \u00faltima se\u00f1al de vida, redonde\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY eso cu\u00e1ndo fue?, pregunt\u00f3 Helena.<\/p>\n<p>&#8211; Ya van a ser diez a\u00f1os que no s\u00e9 nada de \u00e9l, dijo.<\/p>\n<p>Helena y yo nos miramos.<\/p>\n<p>&#8211; Ojal\u00e1 no le haya pasado nada, coment\u00e9.<\/p>\n<p>Ella cambi\u00f3 el tono de voz para asegurarme que su hijo sab\u00eda cuidarse. Por alguna raz\u00f3n no me escribe, pero est\u00e1 bien. Lo s\u00e9, no me pregunten por qu\u00e9. En seguida sac\u00f3 un pa\u00f1uelo de su cartera para sonarse la nariz sin hacer ruido. Hizo una pausa para tranquilizarse y prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Soy madre soltera. Javier es mi \u00fanico hijo. Es muy duro no saber nada de \u00e9l.<\/p>\n<p>Le costaba contener el llanto. Helena le acarici\u00f3 el hombro.<\/p>\n<p>&#8211; Me han dicho que todos los chilenos de all\u00e1 se conocen, prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; Usted quiere que yo trate de encontrarlo, dije, adelant\u00e1ndome a lo que seguramente me quer\u00eda pedir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSer\u00eda usted tan amable de llevarle una carta por si lo encuentra?<\/p>\n<p>&#8211; Lo har\u00e9 con gusto, dije.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo se la puedo entregar? \u00bfVa a andar ma\u00f1ana tambi\u00e9n por el centro?<\/p>\n<p>&#8211; Puedo venir si quiere, ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 la hora. Eran las dos de la tarde. Le propuse que nos encontr\u00e1ramos en la misma banca a la misma hora.<\/p>\n<p>&#8211; Como usted diga. Me arrancar\u00e9 entonces ma\u00f1ana del trabajo un ratito. Ahora voy camino al m\u00e9dico. Despu\u00e9s de decir \u00e9sto se puso de pie.<\/p>\n<p>&#8211; No le he dicho mi nombre, dije. Me llamo Luz Rioseco.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias se\u00f1orita Luz. Hasta ma\u00f1ana entonces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Helena y yo la seguimos con la mirada hasta que se subi\u00f3 a una micro. Despu\u00e9s continuamos a la oficina de traducciones. Aunque el encuentro nos dej\u00f3 conmovidas, no lo comentamos hasta cuando nos sentamos a tomar un cortado en el caf\u00e9 Colonia despu\u00e9s de que yo entregara mi diploma para su traducci\u00f3n. Helena opin\u00f3 que por lo menos le hab\u00eda despertado una esperanza en ella porque, dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Ser\u00eda una tremenda casualidad que te toparas con su hijo. Aunque qui\u00e9n sabe c\u00f3mo son las cosas entre los chilenos de all\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, cuando llegu\u00e9 sola a encontrarme con ella, ya estaba all\u00ed esper\u00e1ndome. Al verme se puso de pie y camin\u00f3 hacia m\u00ed muy derecha. Su vestido lila de corte sencillo armonizaba con su pelo oscuro. No quise que nos qued\u00e1ramos en la calle. Le propuse que fu\u00e9semos al caf\u00e9 Colonia para hablar con calma, sin el ruido de las micros. Caminando al caf\u00e9 me cont\u00f3 que se hab\u00eda escapado del trabajo inventando otra ida al m\u00e9dico por lo que no ten\u00eda mucho tiempo. Quise saber d\u00f3nde trabajaba.<\/p>\n<p>&#8211; En el Barrio Alto, respondi\u00f3, sin dar m\u00e1s detalles.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY d\u00f3nde vive?<\/p>\n<p>&#8211; Somos de Renca.<\/p>\n<p>Una vez en el caf\u00e9 le pregunt\u00e9 qu\u00e9 quer\u00eda tomar y le dej\u00e9 claro que yo la invitaba.<\/p>\n<p>&#8211; Un agua mineral, gracias.<\/p>\n<p>&#8211; Para m\u00ed un cortado, ped\u00ed.<\/p>\n<p>Entonces Macarena Pinto abri\u00f3 su cartera y sac\u00f3 una foto y la carta. Primero me pas\u00f3 la foto diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; Este es mi Javier.<\/p>\n<p>Era la im\u00e1gen en blanco y negro de un hombre sonriente con ojos hermosos, lindas cejas, labios bien formados. Rostros as\u00ed suelen ser abono para mi imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Buen mozo su hijo, coment\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; Y tambi\u00e9n inteligente. Estaba en el segundo semestre de ingenier\u00eda en la Escuela de Artes y Oficios cuando cay\u00f3 Allende. Estudiaba por la noche y por el d\u00eda trabajaba en Inchalam. Era dirigente sindical, por eso se tuvo que ir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 cree usted que no se comunica?<\/p>\n<p>&#8211; No tengo la menor idea, dijo, me pas\u00f3 la carta y agreg\u00f3, despu\u00e9s de un largo suspiro: Ojal\u00e1 lo encuentre.<\/p>\n<p>&#8211; Met\u00ed la carta y la foto a mi cartera.<\/p>\n<p>&#8211; En la carta le digo que ahora puede regresar. Sali\u00f3 en una lista en septiembre de 1985. No s\u00e9 si esas noticias llegan all\u00e1.<\/p>\n<p>&#8211; Tampoco lo s\u00e9, pero pienso que s\u00ed llegan, dije.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No sab\u00eda. No concoc\u00eda el mundo de los exiliados chilenos. Ten\u00eda 10 a\u00f1os el 73. Tuve la mala suerte de crecer en un pa\u00eds con dictadura. Siempre sent\u00ed a flor de piel la incompatibilidad natural entre la ignorancia y prepotencia que propagaban los militares y mi car\u00e1cter, pero nunca he militado en un partido pol\u00edtico. Sal\u00eda a protestar, eso s\u00ed, cuando pod\u00eda o cuando me atrev\u00eda. Soy miedosa. Ni pensar en que me tomen presa y me maltraten. Soy pol\u00edticamente floja pero me alegr\u00e9 con cada logro de la oposici\u00f3n. Sal\u00ed a celebrar la Concertaci\u00f3n por el No con mis compa\u00f1eros de Filosof\u00eda, pero nada m\u00e1s. Macarena dijo que en el sobre iba tambi\u00e9n el n\u00famero de tel\u00e9fono de una farmacia que quedaba cerca de su casa en la calle Puyehue, donde su hijo pod\u00eda llamarla. Ellos le iban a avisar. Reci\u00e9n entonces el camarero nos llev\u00f3 el agua. Macarena bebi\u00f3 su vaso de un sorbo y dijo que ten\u00eda que volver a trabajar.<\/p>\n<p>&#8211; Vaya no m\u00e1s, ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Voy a rezar por usted y a prender velas a Romualdito.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQui\u00e9n es Romualdito?, pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; Mi animita milagrosa en la Estaci\u00f3n Central. Mucha suerte en Alemania, se\u00f1orita Luz. Adi\u00f3s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 acci\u00f3n!: hablarle a una desconocida en una micro y pedirle que le lleve una carta a su hijo en Alemania esperando que una animita milagrosa ayude a la carta a encontrar su destinatario. Macarena Pinto se mostr\u00f3 sin fachadas, sin pose de v\u00edctima y sin rabia. Fue tan sincera y tan clara, que me hizo pensar en la naturaleza misma de la sinceridad; es un talento. Un talento que en tiempos de dictadura se ve\u00eda poco. Termin\u00e9 mi caf\u00e9 evocando un di\u00e1logo entre un padre y su hjo que le\u00ed en un libro de Francisco de Quevedo: <em>Si quieres ver el mundo, ven conmigo, <\/em>dice el padre<em>. <\/em><em>Yo te llevar\u00e9 a la calle mayor, que es de donde salen todas las figuras y te ense\u00f1ar\u00e9 el mundo como es, que t\u00fa no alcanzas a ver sino lo que parece. <\/em>\u00bfY c\u00f3mo se llama esa calle?, quiso saber el joven. <em>Ll\u00e1mase Hipocres\u00eda.<\/em> <em>No hay nadie casi que no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento en ella. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando regres\u00e9 al departamento, el tema de los hijos que se alejan de las madres alent\u00f3 a Helena preguntarme si iba a ir a despedirme de mi mam\u00e1 a Concepci\u00f3n. Esto me obliga a hacer una excursi\u00f3n para no dejar el tema en el aire. Ya he dicho que mis padres se separaron el 73. Desde entonces fuimos solo las dos hasta que apareci\u00f3 su milico, el capit\u00e1n Fernando Moncada. Eso fue, menos mal, pocos meses antes de que yo me viniera a estudiar a Santiago. Fue como una liberaci\u00f3n porque el tipo se lo pasaba en mi casa. Se sentaba antip\u00e1tico y arrogante en el sof\u00e1 a ver televisi\u00f3n y a que mi mam\u00e1 lo atendiera. Sus comentarios y opiniones irradiaban una ignorancia de la vida, de la naturaleza humana, del bien y el mal que lo hac\u00edan insoportable. Cuando mi mam\u00e1 le cont\u00f3 que yo iba a estudiar Filosof\u00eda en la Universidad de Chile, quiso saber para qu\u00e9 serv\u00eda ese estudio. Ni mi madre ni yo respondimos a su pregunta. Poco despu\u00e9s termin\u00f3 de envenenar el ambiente al comentar:<\/p>\n<p>&#8211; Tengo entendido que de esas carreras salen todos comunistas.<\/p>\n<p>\u00a1Gu\u00e1cala! Hasta mi mam\u00e1 se estremeci\u00f3 y me mir\u00f3 poniendo cara de <em>no le hagas caso<\/em>.<\/p>\n<p>Como nunca disimul\u00e9 mi antipat\u00eda hacia \u00e9l, hubo inevitablemente un alejamiento entre mi madre y yo. Porque a ella le encantaba su milico. Resumiendo: La respuesta a la pregunta de Helena fue: No. No voy a ir a despedirme personalmente de mi mam\u00e1 para no encontrarme con el capit\u00e1n Moncada. La llam\u00e9 por tel\u00e9fono. De mi padre no me desped\u00ed. Con \u00e9l no ten\u00eda contacto alguno. Tampoco ten\u00eda un n\u00famero de tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Helena me fue a dejar al aeropuerto. Mientras nos tom\u00e1bamos el \u00faltimo jugo y dibuj\u00e1bamos otra vez los planes de su visita a Berl\u00edn, pas\u00f3 por nuestro lado un vendedor de peri\u00f3dicos pregonando <em>La Segunda&#8230; Se acab\u00f3 el exilio, todos pueden volver.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Encuentro con Regla<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me baj\u00e9 en el metro Koschstra\u00dfe y camin\u00e9 hasta uno de esos letreros que advert\u00edan en varios idiomas: <em>You are living the american sector.<\/em> Me cost\u00f3 abrirme paso porque la calle estaba llena de gente que daba la bienvenida a los que pasaban la frontera. Los petardeantes Trabants, Ladas y Wartburgs pasaban por mi lado a la vuelta de la rueda en una fila interminable. Cada auto y cada persona recib\u00eda su bienvenida personal. Se escuchaba un aplauso constante en la Friedrichstra\u00dfe. En medio de la mutitud descubr\u00ed a una mujer morena m\u00e1s bien alta. Una mujer bastante atractiva que miraba en todas direcciones como asustada. Intu\u00ed que era cubana. Los latinos en la RDA pod\u00edan ser cubanos, nicarag\u00fcenses o chilenos. Le hice una se\u00f1a con la mano, pero no me vi\u00f3. Despu\u00e9s me fij\u00e9 en un hombre mayor que caminaba serio, muy erguido y sin mirar a nadie. No respondi\u00f3 ning\u00fan saludo y esquiv\u00f3 a todos los que trataron de abrazarlo. Cuando pas\u00f3 por mi lado, not\u00e9 que ten\u00eda los ojos llorozos. Detr\u00e1s de \u00e9l ven\u00eda la cubana. Le tom\u00e9 el brazo a la altura del codo y le pregunt\u00e9 en espa\u00f1ol de d\u00f3nde era. Ella se asust\u00f3 y se solt\u00f3 br\u00fascamente. Yo le sonre\u00ed como diciendo: Soy inofensiva.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde eres?, pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Soy chilena, me llamo Luz. Soy periodista. Dime, \u00bfes la primera vez que pasas a este lado?<\/p>\n<p>Ella asinti\u00f3. Se descolg\u00f3 el bolso, lo dej\u00f3 en el suelo y coment\u00f3:<\/p>\n<p>Ayer dijeron que todo hab\u00eda sido un malentendido.<\/p>\n<p>\u00bfTienes tiempo para tomar algo?, pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>Es que tengo pocos marcos y como est\u00e1 el cambio, hasta puedo quedar debiendo, brome\u00f3, sin re\u00edrse.<\/p>\n<p>Yo te invito, ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando hab\u00edamos andado una cuadra, cambi\u00f3 su bolso de hombro y coment\u00f3 que estaba pesado porque conten\u00eda todas sus pertenencias. En una esquina en que hab\u00eda una pizzer\u00eda entr\u00e9 y la cubana me sigui\u00f3. Por su acento, ya no me cab\u00eda la menor duda de que era cubana. El camarero nos salud\u00f3 en italiano con sospechosa amabilidad y dijo que aceptaba marcos de la RDA. Nos sentamos en la \u00fanica mesa libre. Reci\u00e9n despu\u00e9s de pedir dos jugos de manzana le pregunt\u00e9 su nombre.<\/p>\n<p>Regla como la v\u00edrgen de Regla, contest\u00f3.<\/p>\n<p>\u00bfMucho tiempo por estos lados?<\/p>\n<p>Seis a\u00f1os, pero eso se acab\u00f3, dijo seria.<\/p>\n<p>Habr\u00e1s llegado a estudiar, coment\u00e9.<\/p>\n<p>Es una historia complicada, prefiero no hablar de ello.<\/p>\n<p>En ese momento llegaron los jugos. Las dos bebimos la mitad del vaso. Hubo un corto silencio en que ella me mir\u00f3 esc\u00e9ptica.<\/p>\n<p>Puedes confiar en m\u00ed, le dije. Soy una estudiante de filosof\u00eda independiente.<\/p>\n<p>Me dijistes que eras periodista.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, pero ahora me interesas t\u00fa como persona. Nada de lo que me cuentes saldr\u00e1 de m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bfTienes un cigarro?, pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>No, pero podemos comprar una cajetilla.<\/p>\n<p>Llam\u00e9 al camarero para preguntarle si nos pod\u00eda conseguir una de Lucky, los cigarros que fumaba Arturo. Despu\u00e9s me atrev\u00ed a preguntarle qu\u00e9 iba a pasar con los cubanos que estaban en la RDA.<\/p>\n<p>Muchos son obreros que vinieron a especializarse a Zeiss y en otras industrias. Van a poder volverse. Deben estar felices.<\/p>\n<p>\u00bfY t\u00fa? \u00bfTambi\u00e9n te vas a regresar?<\/p>\n<p>No, yo no puedo. No s\u00e9 si me dejar\u00edan entrar a Cuba. Michael dijo que si lo abandonaba iba a dar informes horribles sobre m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es Michael?<\/p>\n<p>Regla ech\u00f3 una mirada redonda a todo el restaurant y despu\u00e9s se me acerc\u00f3 para decirme casi al o\u00eddo:<\/p>\n<p>Es el hombre que me trajo a Alemania. Me amenaz\u00f3 con mandarme a Hoheneck si lo dejaba.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es Hoheneck?, quise saber.<\/p>\n<p>Es una c\u00e1rcel de mujeres que est\u00e1 en un castillo cerca de Karl-Marx-Stadt.<\/p>\n<p>Llegaron los cigarros y a m\u00ed tambi\u00e9n me dieron ganas de fumar.<\/p>\n<p>Regla encendi\u00f3 el suyo y el m\u00edo y prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>El malvado andar\u00e1 busc\u00e1ndome. Es un alto funcionario de la Stasi.<\/p>\n<p>Casi me trapico con el humo. Me sent\u00eda como en una novela de John Le Carr\u00e9. Termin\u00e9 de beber mi jugo y le pregunt\u00e9 si quer\u00eda otro. Regla asinti\u00f3 comentando:<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 amable eres!<\/p>\n<p>Le hice un gesto al hombre del bar y los jugos llegaron en seguida. Otra vez Regla se bebi\u00f3 de un sorbo la mitad de su vaso con la mirada fija en un punto del piso mientras mi curiosidad crec\u00eda segundo a segundo.<\/p>\n<p>Debe haber muchos cubanos en la RDA, coment\u00e9.<\/p>\n<p>Uf, much\u00edsimos. Y hay tambi\u00e9n bastantes chilenos, eh.<\/p>\n<p>Record\u00e9 la carta que todav\u00eda no entregaba a su destinatario. Pero no era el momento para hablar de eso. Regla dej\u00f3 el cigarro en el cenicero y abri\u00f3 su cartera buscando algo mientras comentaba:<\/p>\n<p>Michael no me va a dejar ir as\u00ed como as\u00ed. En cuanto se d\u00e9 cuenta de que me escap\u00e9, va a movilizar todo lo que est\u00e9 a su alcance para encontrarme.<\/p>\n<p>Por fin sac\u00f3 una hoja y un l\u00e1piz.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 bueno que me hablaste, continu\u00f3. Se ve que eres una buena persona. D\u00edme, \u00bfsabes d\u00f3nde puedo pedir asilo pol\u00edtico?<\/p>\n<p>No me esperaba ese comentario. O sea que la cosa era en serio.<\/p>\n<p>Lo lamento, respond\u00ed, pero esa informaci\u00f3n no la manejo.<\/p>\n<p>Es que estoy en problemas. Si ese mal hombre me encuentra, estoy perdida. Es muy fr\u00edo y severo. No se anda con peque\u00f1eces.<\/p>\n<p>Quise saber el nombre completo de su perseguidor.<\/p>\n<p>Se llama Michael Kleiner, me respondi\u00f3 al o\u00eddo.<\/p>\n<p>Tengo un amigo periodista, un mexicano muy buena gente a quien le puedo pedir orientaci\u00f3n. Si queres vamos a mi casa y lo llamamos, ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 solidaria eres! No tengo m\u00e1s alternativa que aceptar.<\/p>\n<p>En el metro Regla iba intranquila, mirando nerviosa en todas direcciones. Suspir\u00f3 cuando nos subimos solas al bus en Zoologische Garten. Yo pensaba en la reacci\u00f3n de Uwe cuando me viera llegar con una cubana. Iba a tener que ver caras y soportar reacciones desagradables otra vez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Luz encuentra a Javier Pinto<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Llev\u00e9 a Helena a la cocina para contarle a puertas cerradas lo que hab\u00eda pasado: Hab\u00eda encontrado a Javier Pinto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Arturo y yo tocamos a la puerta de la casa ubicada frente a la estaci\u00f3n de Bernau. Despu\u00e9s de esperar un rato nos abri\u00f3 \u00e9l. Lo reconoc\u00ed de inmediato. Ten\u00eda algunas arrugas en la frente y una mirada melanc\u00f3lica, pero segu\u00eda siendo el hombre atractivo de la foto.<\/p>\n<p>Buenos d\u00edas, dije, en espa\u00f1ol. Qu\u00e9 gusto encontrarlo. Tengo algo que decirle. Espere un momento, por favor.<\/p>\n<p>Tom\u00e9 a Arturo del brazo y lo llev\u00e9 a su auto, que hab\u00eda dejado estacionado frente a la estaci\u00f3n. Le ped\u00ed que me dejara hablar sola con el chileno.<\/p>\n<p>\u00bfLo conoces?<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos. Te llamar\u00e9 lo antes posible para explicarte todo.<\/p>\n<p>Est\u00e1 bien, dijo, desconcertado, se subi\u00f3 al auto y parti\u00f3.<\/p>\n<p>Yo volv\u00ed a la puerta desde donde Javier observaba la escena sin entender nada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 le dijiste a Javier Pinto?, quiso saber Helena, impaciente.<\/p>\n<p>Le traigo saludos de su madre.<\/p>\n<p>\u00bfA qui\u00e9n se refiere?, pregut\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>A Macarena Pinto.<\/p>\n<p>Me hizo pasar a un living peque\u00f1o con el televisor prendido. Estaba mirando televisi\u00f3n occidental. Su casa me dio la sensaci\u00f3n de abandono. Sobre el sof\u00e1 colgaba un hermoso retrato de dos mujeres que me record\u00f3 a un cuadro famoso de Pedro Lira. No me acuerdo del nombre.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o enfermo, dijo Helena.<\/p>\n<p>S\u00ed, ese. Me ofreci\u00f3 asiento y \u00e9l tambi\u00e9n se sent\u00f3.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo la conoce?, me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Me habl\u00f3 en una micro cuando escuch\u00f3 que me ven\u00eda a Alemania.<\/p>\n<p>\u00bfEso cu\u00e1ndo fue?<\/p>\n<p>Hace un a\u00f1o y medio.<\/p>\n<p>Le cont\u00e9 que ten\u00eda una carta para \u00e9l y que quer\u00eda entreg\u00e1rsela cuanto antes. Ofrec\u00ed mand\u00e1rsela por correo. Eso lo asust\u00f3.<\/p>\n<p>No, en ning\u00fan caso. Aqu\u00ed las cartas suelen perderse.<\/p>\n<p>Va usted a veces al otro Berl\u00edn.<\/p>\n<p>No, dijo, a secas, sin dar m\u00e1s explicaciones.<\/p>\n<p>Entonces se la traigo. Se lo promet\u00ed a su madre. Puedo venir a dej\u00e1rsela ma\u00f1ana, si quiere. \u00bfVa a estar en casa?<\/p>\n<p>Javier asinti\u00f3.<\/p>\n<p>Ma\u00f1ana por la tarde, entonces, dije.<\/p>\n<p>Helena me aconsej\u00f3 que no le contara nada a Uwe y yo tampoco pensaba hacerlo.<\/p>\n<p>Mi amiga aprovech\u00f3 ese momento a puertas cerradas para preguntarme si pod\u00eda alargar su estad\u00eda por un mes m\u00e1s.<\/p>\n<p>Puedes quedarte el tiempo que quieras, ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>\u00bfY Uwe?<\/p>\n<p>El muchacho ya no tiene nada m\u00e1s que decir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>The following texts are different extracts of a working version from an, as of yet unpublished, longer text. 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