{"id":13348,"date":"2020-02-17T07:17:29","date_gmt":"2020-02-17T06:17:29","guid":{"rendered":"https:\/\/magazin.stadtsprachen.de\/text\/extasis-vegetal\/"},"modified":"2020-11-16T15:44:02","modified_gmt":"2020-11-16T14:44:02","slug":"extasis-vegetal","status":"publish","type":"stsp_text","link":"https:\/\/stadtsprachen.de\/en\/text\/extasis-vegetal\/","title":{"rendered":"\u00c9xtasis vegetal"},"content":{"rendered":"<p>1.<br \/>\nHay un roble en mi ventana. Empieza mayo y tiene las hojas de un verde medio amarillo, claro, c\u00e1lido. Las hojas j\u00f3venes, de este roble y de todos los \u00e1rboles, tienen otra manera de estar ah\u00ed en el cielo que ellas hacen, se mueven distinto. Tal vez es porque son m\u00e1s chicas de lo que van a ser o porque tienen una configuraci\u00f3n espacial menos plana, son ondeadas, m\u00e1s dadas a los volados en los bordes: todav\u00eda les quedan rastros de la capullez que las contuvo hasta que pudieron desplegarse, hace, es evidente, todav\u00eda no muchos d\u00edas y se mueven con movimientos m\u00e1s cortitos y juguetones, hojas cachorras a los saltitos parecen. La ma\u00f1ana siguiente a mi llegada lo vi al roble, cuando me despert\u00e9 con esfuerzo despu\u00e9s de pocas horas de sue\u00f1o y de un vuelo largu\u00edsimo, como 18 horas contando escala, y con un jet lag que me mareaba: ven\u00eda de Bogot\u00e1 y all\u00e1 es siete horas m\u00e1s temprano que ac\u00e1. Ac\u00e1 es Berl\u00edn a las orillas del lago Wannsee. Desde que alguna vez rem\u00e9 de noche sobre los r\u00edos y arroyos de las islas del Delta del Paran\u00e1 s\u00e9 que los r\u00edos y los arroyos y los lagos y las lagunas son animales que est\u00e1n hechos de agua y de muchos animales, y es por esas remadas que le veo lomo al Wannsee y es por el sol y la brisa que se lo veo reverberando. Est\u00e1 siendo un estreller\u00edo el lomo del lago. Y las hojas cachorras de este roble se bambolean aureoladas y con venas luminosas porque los \u00e1rboles son del cielo y de los astros y hacen vida de la luz. Vi todo esto cuando me levant\u00e9 medio dormida y con un jet lag feroz, as\u00ed que sal\u00ed para Kreuzberg en un trip de \u00e9xtasis vegetal.<\/p>\n<p>2.<br \/>\n\u00bfValdr\u00e1 como relato de Kreuzberg el viaje a Kreuzberg? Ignor\u00e9 el mal humor de la vendedora de boletos ante esta pasajera que no entiende alem\u00e1n \u2014imagino que no somos tantos los extranjeros que andamos por Wannsee porque la condici\u00f3n de extranjer\u00eda suele inclinar al centro de las ciudades\u2014 y busqu\u00e9 un rato la m\u00e1quina de \u201cstamp the ticket\u201d. Hasta que logr\u00e9 subir al tren indicado y mirar por la ventana y encantarme m\u00e1s de lo que ya estaba: hay un bosque ah\u00ed al lado de la v\u00eda. Est\u00e1 en Nikolassee y esa ma\u00f1ana se me tram\u00f3 en la cabeza con el roble de mi ventana y con todo lo que vengo leyendo acerca del mundo vegetal, ese mundo que crea al nuestro: son los \u00fanicos seres, las plantas, que no se comen a otros, que tienen sol y agua y tierra como insumos y con eso nom\u00e1s nos hacen el aire que respiramos. Dice de las plantas el fil\u00f3sofo italiano Emanuele Coccia que \u201ces por ellas y a trav\u00e9s de ellas que nuestro planeta es una cosmogon\u00eda en acto, la g\u00e9nesis constante de nuestro cosmos\u201d.<\/p>\n<p>Algo de esto, de la contemplaci\u00f3n del mundo vegetal y animal, del amor de esos mundos, me llev\u00f3 hace un tiempo a empezar a estudiar el giro animal y esas lecturas, y las pesta\u00f1as exquisitas de los ojos de mis animales y de los que no son m\u00edos, sus cuerpos bailando y haci\u00e9ndole la alegr\u00eda de la vida a la vida misma, su estar mudo y presente, algo de todo eso me empez\u00f3 a abrir dimensiones de pensamiento y fuerza de cuya existencia apenas ten\u00eda alg\u00fan indicio hasta hace poco. Tambi\u00e9n me va a complicar el paseo en el Markthalle: una vez vistos los animales como lo que son, seres que sienten y tienen tanto derecho a vivir una vida como nosotros, y una vez visto el infierno sin fin y sin fisura al que los somete la industria alimentaria, ya no puedo comerme esos salames que cuelgan de los puestitos encantadores y hipsters. Son encantadores y hipsters del mismo modo, con la misma decoraci\u00f3n incluso, que todos las barcitos y peque\u00f1os restoranes que florecen en los barrios gentrificados de las ciudades de Occidente o por lo menos de las que yo conozco que son varias pero tampoco tantas. \u201cHipsters\u201d dijo Lucy Fricke, mi anfitriona en este paseo barrial, para referirse a los tres tipos que no termin\u00e9 de entender si son los due\u00f1os del mercado pero entend\u00ed que tienen el poder de decidir qu\u00e9 pasa ah\u00ed adentro. Me va a contar la movida de resistencia barrial que evit\u00f3 que se hiciera del Markthalle un gran supermercado. Y la contradicci\u00f3n que siente hoy, cuando parte de la gente de Kreuzberg no puede pagar la comida org\u00e1nica que se vende en su mercado y los tres hipsters quieren sacar de sus dominios al Aldi.<\/p>\n<p>Pero ni los hipsters ni la industria alimentaria ni la gentrificaci\u00f3n me van a oscurecer el d\u00eda: el roble del despertar, el bosque de Nikolassee, los much\u00edsimos \u00e1rboles y flores que hay en el camino de Kreuzberg que Lucy nos traza y la vida del canal que est\u00e1 casi en la puerta de su casa: justo cuando lo cruz\u00e1bamos, y un mont\u00f3n de gente de todos colores tambi\u00e9n, pasaban por abajo del puente una legi\u00f3n de patos y cisnes de edades diversas y diversos colores, tan serenamente, tan hermosamente pasaban que parec\u00edan, con su mera presencia, darle sentido a todo. \u00bfQu\u00e9 otro sentido que vivir podr\u00eda tener la vida? El despliegue de la potencia del cuerpo y la majestad de moverlo como y cuando y hacia donde el cuerpo pida. Y eso hac\u00edamos tambi\u00e9n nosotras tres, nos acompa\u00f1aba Natalia Laube que ese d\u00eda oficiaba de int\u00e9rprete, mientras la charla discurr\u00eda pl\u00e1cidamente. Lucy nos narr\u00f3 la tradici\u00f3n de resistencia aguerrida que supo tener su barrio y el barrio nos la ilustr\u00f3: los ventanales del hotel Orania tienen su transparencia atravesada por un buen par de piedrazos, con esa forma hermosa como de tela de ara\u00f1a con el centro denso m\u00e1s o menos circular y las l\u00edneas que le arman un radio de fuga que se adelgaza hasta la desaparici\u00f3n. El dibujo del impacto de los piedrazos en los vidrios me recuerda las trazas de las ciudades. Las ciudades tambi\u00e9n son impacto.<\/p>\n<p>Del otro lado de los ventanales del Orania, una pareja salud\u00f3 a Lucy y entramos a tomar un caf\u00e9 y toda la resistencia y el impacto de los impactos de las piedras se disolvi\u00f3 en una atm\u00f3sfera de bienestar burgu\u00e9s un poco a la manera de las obras de arte contestatario y callejero en los museos, como las de los Serigrafistas Populares en el Malba, para dar un ejemplo porte\u00f1o. Habr\u00e1 que revolverse y hacer la revuelta en esta ambig\u00fcedad: as\u00ed est\u00e1n dadas las cosas en buena parte del mundo, me parece. No me va a desmentir la pr\u00f3xima posta, el Bethanien, un ex hospital luterano okupado en los 70 y devenido museo y centro cultural, con su restor\u00e1n bonito y sus salas de exposici\u00f3n y de talleres diversos: es resistencia y es gourmet.<\/p>\n<p>Yo me detuve en el tilo que hay, entre muchos otros \u00e1rboles, m\u00e1s o menos cerca de la puerta: su tronco ancho, sus hojas verdes y lustrosas de un lado, medio plateadas y peludas del otro, me imagin\u00e9 sus conexiones subterr\u00e1neas con los otros \u00e1rboles, con los que est\u00e1n cerca y lejos, con los de Nikolassee y con los de la orilla del Wannsee, con los de todos los parques y bosques que los berlineses lograron preservar de la voracidad criminal del capitalismo tard\u00edo, me imagin\u00e9 las ra\u00edces blancas en la tierra h\u00fameda y oscura surgiendo de semillas \u00ednfimas pero con la potencia suficiente para penetrar el suelo con m\u00e1s fuerza que la de la gravedad y teji\u00e9ndole, al fin, un suelo a Berl\u00edn. Me gust\u00f3 pensar eso, una ciudad que se apoya en el suelo que le sostienen los \u00e1rboles que defiende y cuida, un sistema de colaboraci\u00f3n interespecies, una hermosura, un deseo para el mundo que de alg\u00fan modo voy a ver manifestado en Prinzesinneng\u00e4rten: el predio en el medio del barrio que te saca de la ciudad con sus hortalizas y flores, con sus \u00e1rboles de troncos flacos y rectos, con sus panales de abejas. Es una huerta colectiva. Tiene varios sl\u00f3ganes. El que m\u00e1s me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, y c\u00f3mo podr\u00eda ser de otro modo viniendo de un pa\u00eds que no tiene m\u00e1s motor econ\u00f3mico que el extractivismo m\u00e1s cruel, dice \u201cGrow commons not commodities\u201d.<\/p>\n<p>Pienso, y siento, en el planeta entero afectado por la sustracci\u00f3n de lo com\u00fan, la apropiaci\u00f3n de lo com\u00fan por parte de unos pocos hijos de puta que generan expulsi\u00f3n, sufrimiento y exterminio de tantos y tanto en pos de una mayor rentabilidad, en este antropoceno que de futuro no propone m\u00e1s que el fin de la vida misma. Me acord\u00e9, mientras en esa huerta comunitaria miraba una cebolla, las hojas verdes y alargadas que se estiran hacia arriba desde el bulbo blanco asom\u00e1ndose en la tierra marr\u00f3n, y las abejas que iban y ven\u00edan con ese zumbido que les hacen las alas de tan veloces, me acord\u00e9, dec\u00eda, de la idea de para\u00edso, lo que es decir de posapocalipsis, de Tom\u00e1s de Aquino, lo que es decir del cristianismo: \u201cEn la innovaci\u00f3n del mundo, tendr\u00e1n mayor claridad y luz los astros del cielo, y por reflejo tambi\u00e9n los cuerpos de la tierra; no todos igualmente, sino que cada cual seg\u00fan su actitud. Entonces ya no habr\u00e1 necesidad de animales ni de plantas, porque ellos fueron creados para conservar la vida del hombre\u201d.<\/p>\n<p>El para\u00edso del cristianismo es una roca abrasada por el sol y a ese desierto pareciera que nos est\u00e1n llevando y contra esta desertificaci\u00f3n el trabajo m\u00e1s tremendo, m\u00e1s cruento y m\u00e1s \u00e9pico y m\u00e1s ignorado lo tienen los pueblos que habitan las zonas que todav\u00eda no fueron tomadas por el extractivismo. En las ciudades trabajan los que resisten la tala, la privatizaci\u00f3n de los espacios, las comunidades que se organizan en pos de lo, justamente, com\u00fan. Y contra esa desertificaci\u00f3n todos los piedrazos vienen bien. Ha de ser por cosas como estas que se respira bien en Kreuzberg.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/topografien.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Topograf\u00edas de lo venidero \/ Topografien des K\u00fcnftigen<\/a><br \/>\nExploraciones literarias por Buenos Aires y Berl\u00edn \/ Literarische Stadterkundungen in Buenos Aires und Berlin<br \/>\nLe\u00eddo por primera vez en vivo el \u200b28 de mayo de 2019, Instituto Cervantes de Berl\u00edn<br \/>\n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Hay un roble en mi ventana. Empieza mayo y tiene las hojas de un verde medio amarillo, claro, c\u00e1lido. Las hojas j\u00f3venes, de este roble y de todos los \u00e1rboles, tienen otra manera de estar ah\u00ed en el cielo que ellas hacen, se mueven distinto. 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