{"id":21895,"date":"2024-06-26T14:30:15","date_gmt":"2024-06-26T12:30:15","guid":{"rendered":"https:\/\/stadtsprachen.de\/de\/?post_type=stsp_text&#038;p=21895"},"modified":"2025-08-19T11:49:28","modified_gmt":"2025-08-19T09:49:28","slug":"irse-por-las-ramas","status":"publish","type":"stsp_text","link":"https:\/\/stadtsprachen.de\/en\/text\/irse-por-las-ramas\/","title":{"rendered":"Irse por las ramas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Releyendo con mi hijo <em>El bar\u00f3n rampante<\/em> me di cuenta \u2014\u00a1tarde amanecimos!\u2014 de que la historia de Cosimo, el joven noble que rompe con su familia para irse a vivir a la copa de los \u00e1rboles, era una teor\u00eda cl\u00e1sica del desvar\u00edo. Cl\u00e1sica, porque en el libro de Calvino la deserci\u00f3n de Cosimo, intempestiva como es, no liquida, no deja atr\u00e1s nada. M\u00e1s bien hace coexistir dos \u00f3rdenes \u2014la vida organizada, razonable, de una familia de la aristocracia genovesa del siglo XVII; la aventura salvaje de una existencia rampante\u2014 que acaso no deber\u00edan tolerarse, a tal punto uno representa la negaci\u00f3n del otro. Pero el tipo de desvar\u00edo que la novela pone en juego sigue siendo de una radicalidad sorprendente. En principio porque es duro, inflexible, r\u00edgido como una obsesi\u00f3n: Cosimo, en efecto, no cede nunca, sordo a ruegos, tentaciones, sobornos; ni siquiera cede cuando sus piernas, ya viejo, no pueden sostenerlo, y una rueda de vecinos caritativos lo espera abajo con una s\u00e1bana desplegada. \u00c9l fue quien desert\u00f3, pero la acci\u00f3n de desertar es, siempre fue mucho m\u00e1s que su voluntad de ejecutarla. Cosimo se va por las ramas y en eso que parece una renuncia es el mundo mismo \u2014los otros, la noche, el bosque, los p\u00e1jaros, el delito, piratas, bandidos, cofrad\u00edas, el amor, el arte de contar, la pol\u00edtica, la revuelta, la revoluci\u00f3n\u2014, el mundo como ofrenda, aventura, metamorfosis, lo que en realidad lo rapta, el v\u00e9rtigo del que pasa a formar parte y en el que desaparece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Irse por las ramas<\/em>. \u00bfNo es esa la imputaci\u00f3n con que ciertas polic\u00edas siguen denunciando al arte de narrar cada vez que una historia, un relato, una novela descubren, y se dejan seducir por, la pasi\u00f3n de descarrilar que acecha a la vuelta de cada frase? Y sin embargo, los escritores saben que escribir no es <em>get to the point<\/em>, sino irse por las ramas. Calvino (que nunca fue un cr\u00edtico tan perspicaz como cuando escrib\u00eda ficci\u00f3n) lo tematiz\u00f3, y en ese sentido <em>El bar\u00f3n rampante<\/em> es casi m\u00e1s lo que desear\u00edamos que fuera, un ensayo sobre el arte de narrar, que lo que es, una novela de iniciaci\u00f3n. La consigna, sin embargo, viene de muy lejos, de Cervantes y de Sterne, y pasa por Stendhal, Lucio V. Mansilla, Virginia Woolf y Proust, y llega hasta Fernando Vallejo, Mario Levrero, C\u00e9sar Aira \u2014escritores convencidos de que en la escritura palpita una compulsi\u00f3n a delirar \u2014literalmente: salirse del surco\u2014 que ninguna \u201cgesti\u00f3n\u201d literaria podr\u00e1 domesticar jam\u00e1s. El pante\u00f3n de celebridades puede sonar a canon banal, a pedanter\u00eda. Sirve, sin embargo, para entender hasta qu\u00e9 punto la digresi\u00f3n, oveja negrade los manuales de racionalidad narrativa, nunca fue la distracci\u00f3n, el error o el abuso que la acusan a menudo de ser, y s\u00ed, en cambio, el nombre de una l\u00f3gica que encontr\u00f3 en la novela la forma m\u00e1s sensible \u2014m\u00e1s deforme\u2014 de desplegarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como quedaba claro en <em>Las 1001 noches<\/em>, narrar es esencialmente una performance digresiva. No se trata s\u00f3lo de que toda narraci\u00f3n est\u00e1 tramada de escapes, descarrilamientos, derivas injustificables. Se narra <em>para<\/em> distraer \u2014y de paso, en el proceso, seducir. Cada cuento que Sherezade le cuenta al sult\u00e1n no es sino la maniobra de distracci\u00f3n que aparta la flecha del tiempo de su destino fijado \u2014la muerte\u2014, la operaci\u00f3n de desv\u00edo que pospone una condena inapelable \u2014para terminar canje\u00e1ndola por el amor: el amor que el sult\u00e1n, al cabo de mil cuentos, confiesa que le ha nacido por Sherezade. Algo de esa funci\u00f3n literalmente <em>vital<\/em> parece haber pasado de la pragm\u00e1tica de la narraci\u00f3n (c\u00f3mo hacer cosas con cuentos) a su t\u00e9cnica, su composici\u00f3n, su po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ejemplo de Sherezade pone en evidencia que la fuerza primera de la digresi\u00f3n no es la novedad sino la interrupci\u00f3n. Tropezar en el r\u00edo de un relato con un brazo nuevo, inesperado, es siempre un impacto. Pero la violencia inmediata de la digresi\u00f3n tiene m\u00e1s bien que ver con el modo impune, insolente, con que frena el continuo narrativo y lo deja pagando: en suspenso, como en reserva, en un limbo de latencia que es pura incertidumbre. Hay en la digresi\u00f3n una suerte de cr\u00edtica, de hartazgo del continuo. Lo que objeta es su condici\u00f3n central, dominante: la idea de que sin un continuo \u2014sin un tronco\u2014 no habr\u00eda narraci\u00f3n. Ciertas digresiones parecieran ratificar esa ley: t\u00edmidas, se apartan del tronco para volver a \u00e9l a la primera de cambio, con brazadas atolondradas. Pero aun en la digresi\u00f3n m\u00e1s funcional late la amenaza, la promesa de un volantazo radical, una distracci\u00f3n de la que no habr\u00e1 retorno. Por inalcanzable que sea, el horizonte de la digresi\u00f3n es el extrav\u00edo total, punto prodigioso en que las ramas se apoderan del tronco y lo devoran, y de lo que antes llam\u00e1bamos continuo no queda m\u00e1s que un delta de par\u00e9ntesis, circunloquios, incisos caprichosos \u2014paseos sin rumbo de un relato que se cans\u00f3 de progresar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQu\u00e9 necesita un relato para fugarse de s\u00ed mismo? No mucho. La digresi\u00f3n \u2014como todo viajero clandestino\u2014 no es exigente. No pide grandes ocasiones; pide detalles, datos de ambiente, inc\u00f3gnitas menores, nombres propios euf\u00f3nicos, cualquiera de esas menudencias que sobran en cualquier relato y que Nabokov, leyendo a Gogol, otro palad\u00edn del par\u00e9ntesis, llamaba \u201crasgos circunstanciales\u201d. El bigote de un personaje, la ventana que se niega a cerrarse, el defecto de pronunciaci\u00f3n de una lengua que se domina, un paraguas con una inscripci\u00f3n que nadie reconoce: esas bagatelas, que cualquiera pondr\u00eda a cuenta de la tasa de verosimilitud est\u00e1ndar con la que cumple toda narraci\u00f3n, son en realidad los umbrales, las troneras m\u00e1gicas por las que huye el poliz\u00f3n digresivo para hacer brotar y proliferar sus \u00e1vidos tent\u00e1culos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Interrumpir el relato, pues, y, enseguida, buscar un rumbo nuevo. En efecto, hay en la digresi\u00f3n una curiosidad incurable, casi infantil \u2014una histeria, incluso\u2014, capaz de disparar el relato en las direcciones m\u00e1s insospechadas. Es como si la narraci\u00f3n, hasta entonces sometida a una doble restricci\u00f3n (la de todo lo que lo precede, la del futuro que la espera), descubriera de golpe, en un estallido de libertad, todo aquello <em>de lo que es contempor\u00e1nea<\/em>, todos los relatos que laten ah\u00ed, a su lado, en potencia, contiguos pero invisibles, y en los que, si por una vez mirara a los costados y no hacia atr\u00e1s, ni hacia adelante, podr\u00eda perderse. De ah\u00ed el afecto de alegr\u00eda que destilan, por tr\u00e1gicas que sean, las escrituras digresivas. M\u00e1s que con aquello que cuentan, esa alegr\u00eda tiene que ver con una cierta pol\u00edtica del contar; con la decisi\u00f3n, la osad\u00eda, la temeridad de zambullirse en el frenes\u00ed de una posibilidad m\u00faltiple. Como si el relato, por un momento \u2014el momento extraordinario de la digresi\u00f3n\u2014, dejara de ser s\u00f3lo el relato que es, ese relato que, a fuerza de acumular y encadenar causas y efectos, se dir\u00eda que avanza, como les gusta tanto a los oficiales de la <em>creative writing<\/em>, para ser todos los relatos posibles que encierra \u2014uno tras otro, interminablemente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Releyendo con mi hijo El bar\u00f3n rampante me di cuenta \u2014\u00a1tarde amanecimos!\u2014 de que la historia de Cosimo, el joven noble que rompe con su familia para irse a vivir a la copa de los \u00e1rboles, era una teor\u00eda cl\u00e1sica del desvar\u00edo. 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