{"id":22154,"date":"2024-09-13T12:20:00","date_gmt":"2024-09-13T10:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/stadtsprachen.de\/de\/?post_type=stsp_text&#038;p=22154"},"modified":"2024-09-19T14:19:16","modified_gmt":"2024-09-19T12:19:16","slug":"sarna","status":"publish","type":"stsp_text","link":"https:\/\/stadtsprachen.de\/en\/text\/sarna\/","title":{"rendered":"Sarna"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Para Lina<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El animal cerr\u00f3 los ojos y se peg\u00f3 a la tierra.<\/em><br>Miguel \u00c1ngel Asturias<br><br><em>Y la vida, como ya saben, se prende con gran fuerza a algunos cuerpos.<\/em><br>Alia Trabucco Zer\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pens\u00e9 que era neurodermatitis, la enfermedad autoinmune con la que nac\u00ed, una enfermedad que es la condena de sentir que entre los pensamientos y el cuerpo no hay nada mediador, la piel como lugar liminal, lienzo entre el yo y el mundo donde se ve el arado entre la vida y el espacio: \u00bfd\u00f3nde comienza y d\u00f3nde acaba un cuerpo? La neurodermitis era prueba suficiente de que lo de adentro est\u00e1 constantemente expres\u00e1ndose afuera, y lo de afuera marcando, formando lo de adentro. Pero cuando la urgencia me sobrepas\u00f3, cuando me di cuenta de que el cuerpo estaba siendo dominado por algo que lo exced\u00eda y que no era parte de su constante autodestrucci\u00f3n autoinmune, sino de la inevitable conectividad con el resto (con la Tierra), supe que mi cuerpo era casa para un intruso, o que tal vez el intruso era yo mismo. La piel era el espacio extendido en el que ve\u00eda mi cuerpo poblarse de animalitos, de otros, muchos otros, dejando sobre ella las marcas de un alfabeto sin traducci\u00f3n, su inevitable danzar contra la muerte. Entonces el falso pensamiento se volvi\u00f3 evidente, la idea de que, entre mi yo y el resto de la Tierra, pero tambi\u00e9n entre todos los seres humanos, hay fronteras, fronteras de piel, pero tambi\u00e9n de indumentaria y sobre todo de dinero, que la libertad nos deja escoger con qui\u00e9n nos encontramos, con qui\u00e9n compartimos la misma burbuja ambiental. Compartimos la intimidad con quienes escogemos compartirla, ese es el autoenga\u00f1o de la libertad, pero el mismo espacio de microorganismos de la realidad desplaza esa idea y la revela como enga\u00f1osa, quim\u00e9rica. Ese pensamiento, el venenoso pensamiento liberal de la incomunicaci\u00f3n y la libertad, contradec\u00eda \u2013 aunque de esto me dar\u00eda cuenta tiempo despu\u00e9s \u2013 la picaz\u00f3n inmensa entre mis piernas, compa\u00f1era de mis noches insomnes de primavera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera reacci\u00f3n cuando les dije con verg\u00fcenza a las personas m\u00e1s allegadas que ten\u00eda sarna, que ten\u00eda en mi cuerpo m\u00faltiples t\u00faneles de \u00e1caros, de peque\u00f1os ar\u00e1cnidos pone-huevos, de animales diminutos de ocho patas que insertaban sus futuras cr\u00edas bajo mi piel para que all\u00ed, cobijadas en el h\u00famedo, sanguinolento y c\u00e1lido ambiente, libres de los peligros de mis garras rascantes, pudieran germinar y abrir m\u00e1s y m\u00e1s huecos, t\u00faneles en la ingle, en el brazo, en las axilas, en la barba\u2026 La primera reacci\u00f3n fue preguntar si eso segu\u00eda existiendo, adem\u00e1s de las risas socarronas de otros ante la enfermedad c\u00e9lebre por sus estigmas de mala higiene, de hipismo y de mariconer\u00eda. Y en la rareza anacr\u00f3nica de la enfermedad aparece la idea picadora de encontrar imaginariamente el lugar de tan inusual infestaci\u00f3n, el momento del beso en el que los par\u00e1sitos pudieron encontrar un puente de ternura para invadir m\u00e1s cuerpos, para hacerse a un espacio m\u00e1s amplio, a un mundo m\u00e1s grande. Al pensar en su cantidad, en las ciudades subterr\u00e1neas de t\u00faneles (como las de las termitas o las de las hormigas en la tierra), en el cuerpo extendido de su sociedad subcut\u00e1nea me preguntaba: \u00bfacaso no tengo responsabilidad por estos seres vivos? \u00bfNo tengo que cuidar de ellos? \u00bfNo me ha sido entregada la tarea de vivir una pasi\u00f3n de placer y dolor de noche para propiciarles a ellos, amantes y enemigos, un hogar? \u00bfNo me penetran pues ellos con su multiplicidad pululante de patas y mordiscos? \u00bfNo me ata tambi\u00e9n la sagrada ley de la hospitalidad a abrirles las puertas sea cual sea su cara, su gesto, su prop\u00f3sito? \u00bfHospes? \u00bfHostis? \u00bfHospitalidad absoluta? \u00bfHospitalidad condicionada? \u00bfHostilidad absoluta? \u00bfHostilidad condicionada? Tenemos un sinn\u00famero de hu\u00e9spedes en nuestro organismo, de hecho, muchos de ellos son necesarios para nuestra subsistencia, es por ellos que subsistimos, somos entonces tambi\u00e9n una ciudad de muchas ciudades, un cuerpo de muchos cuerpos. O bien nosotros nos abrimos espacio entre ellos, nuestra carne se instala entre sus cuerpecitos, o \u00bfno estaban todos ellos ah\u00ed profundamente en el tiempo y el espacio mucho antes de nuestro primer suspiro y sobre todo de nuestro primer arado, casa y saludo? Pero existe un problema, como el de la sarna, el evidente problema de la piqui\u00f1a mata sue\u00f1os, el problema de cuando el hu\u00e9sped, que llega sin avisar y se explaya m\u00e1s de la cuenta, como en este caso, se vuelve letal al anfitri\u00f3n y pone en riesgo la supervivencia de su entorno, de su hogar, y por ende destruye su propia casa. El problema del beso que se vuelve mordisco, del saludo que es una amenaza, de la simbiosis que destruye el equilibrio, el abrazo tras el que se clava el cuchillo. Ese es un mal hu\u00e9sped, el que deviene par\u00e1sito, y el otro es un anfitri\u00f3n ingenuo \u2013 pero a veces la ingenuidad es m\u00e1s tierna que la caricia, es la apertura. Como aquel que no se da cuenta de que est\u00e1 explay\u00e1ndose m\u00e1s de lo debido, en un lugar en el que con cada pata est\u00e1 pisando otra pata, con cada edificio est\u00e1 excluyendo el de otras especies, como cuando la carrera por la supervivencia significa al mismo tiempo una carrera fren\u00e9tica hacia la muerte, as\u00ed me llenaban ellos entre los besos y los mordiscos de su graf\u00eda indescifrable y horrorosa sobre mi piel. Para m\u00ed ese es el mayor error de los par\u00e1sitos: al poner en jaque la existencia (el sue\u00f1o de los otros, por ejemplo) estaban cavando su propia tumba. Los podr\u00eda alimentar con mi cuerpo, les dar\u00eda cuna y dejar\u00eda que mi cuerpo fuera blanda tierra sobre la que pudieran labrar su porvenir, pero no soy ese imb\u00e9cil, pensaba, no soy un idiota, un idiota exc\u00e9ntrico, soy solamente un ingenuo, que despu\u00e9s de un mes de cargar con los hu\u00e9spedes sin saber lo que hac\u00eda, sin saber que las noches en vela eran signo de que hab\u00eda una cantidad de boquitas mordi\u00e9ndome \u00edntimamente, me ve\u00eda en la obligaci\u00f3n de matarlos. Por eso decid\u00ed bombardearlos, echarme encima la p\u00f3cima blanca del <em>antiscabiosum<\/em> y dejarlos tan asfixiados como a los alemanes durante el cielo abierto de Berl\u00edn en abril de 1945, solamente que esta vez sin dejarles posibilidad de levantarse, una vez por todas los destruir\u00eda y beber\u00eda del placer de saber de su muerte. Asfixiar\u00eda sus t\u00faneles, envenenar\u00eda a sus cr\u00edas, me deshar\u00eda de esta plaga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue as\u00ed como inici\u00e9 la guerra. En eso se me iba la vida, era una guerra por mi supervivencia. Si las criaturitas en mi piel no me dejaban dormir de noche, deb\u00eda convertir el desvelamiento en uno pasajero, como el de la madre con su hijo reci\u00e9n nacido, o como el de la gata que escucha a los gatos aullar en celo al otro lado de la ventana. El mayor problema era que hab\u00eda mucho de placentero en esta situaci\u00f3n, las garras en mi culo aferradas sintiendo el placer que penetraba las profundidades de mi cuerpo, de mi mundo en descomposici\u00f3n, los rayos de luz de la piqui\u00f1a que iluminan sin luz las profundidades de la carne. Pero matarlos era ilusorio, significaba solamente matar a aquellos que estaban bajo mi piel, no la Sarna con S may\u00fascula, aquel cuerpo, hiperobjeto cuyo organismo se extiende m\u00e1s all\u00e1 de mi propio cuerpo en una malla m\u00e1s grande de relaciones microbiol\u00f3gicas indetectables, escurridizas y sobre todo invisibles. A todos los amigos que hab\u00edan pasado por mi casa durante el mes en el que cultiv\u00e9, sin saberlo, una infestaci\u00f3n de \u00e1caros sarnosos, les cont\u00e9 sobre lo ocurrido, advirti\u00e9ndoles de un posible hu\u00e9sped compartido, viendo de inmediato la reacci\u00f3n de asco en sus rostros y el inevitable reflejo de rascarse por todas partes. Nadie se imaginaba que yo, por m\u00e1s marica que fuera, los estuviera confrontando con una enfermedad, con un organismo complejo de ar\u00e1cnidos, que ellos todos supon\u00edan extinta. Pero la sarna subsiste en el contacto, en el roce entre pieles de los seres vivos buscando aquellos pedazos de piel que, como un bistec arom\u00e1tico, debe ser blando y jugoso y debe proporcionarle las condiciones necesarias para sobrevivir y, sobre todo, para llenar las cavidades de huevos, para asegurar la descendencia, para sobrevivir con S may\u00fascula. Al hu\u00e9sped invisible siempre se le da una cara, se imagina su rostro como ocurre con el c\u00e1ncer y su voluptuosidad mortal, como con la gonorrea y su sancochamiento festivo \u2013 la cara que ve\u00eda de la sarna era una mueca horrorosa, y esa imagen ven\u00eda del saber qu\u00e9 hac\u00edan mientras dorm\u00eda, de las im\u00e1genes en internet y de las descripciones m\u00e9dicas de los dermat\u00f3logos. Mi inicial autodiagn\u00f3stico de neurodermatitis hab\u00eda sido s\u00f3lo un paliativo de la imaginaci\u00f3n, un concepto que como un paraguas me dejaba seguir viviendo sin asco. Mientras que estaba viviendo la pesadilla absoluta de cualquier tripof\u00f3bico ca\u00ed en la cuenta de que adem\u00e1s de la enfermedad f\u00edsica estaba la infestaci\u00f3n de la cabeza con su asco e impresi\u00f3n. Al fin y al cabo, una gran porci\u00f3n de la piqui\u00f1a es de car\u00e1cter cerebral. Muchos amigos se declaran incapaces de matar una polilla, una mosca o una abeja, pero estos animalitos, que son peque\u00f1as ara\u00f1as, ser\u00edan masacrados por cualquiera \u2013 porque m\u00e1s que un asesinato se trata de una masacre. Todo es al fin y al cabo una cuesti\u00f3n de tama\u00f1o, de escala de la realidad en la que vivimos. Es por eso que su invisibilidad era, al mismo tiempo, mi refugio. Al no o\u00edr ni ver el momento en el que el veneno entra por sus boquitas y las destruye por dentro, el tal vez diminuto sonido de dolor que causa el veneno del <em>antiscabiosum<\/em> sobre sus peque\u00f1os cuerpecitos, como el alarido de la langosta en el agua hirviendo, me permiti\u00f3 echarme el veneno encima y me satisfizo la idea de que, como durante un bombardeo total, el veneno trajera consigo la calma para el descanso profundo del sue\u00f1o. Porque, \u00bfqu\u00e9 hacen sino recordarnos constantemente, sin el escape siquiera del sue\u00f1o, de que tenemos un cuerpo y se nos escapa saber para qu\u00e9 putas sirve?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La idea de que la naturaleza es un espacio arm\u00f3nico, en el que los animalitos viven felices y comen perdices, es una idea absurda, una idea bien humana. La naturaleza est\u00e1 llena de mordiscos, de guerras entre especies, de una disputa imparable por la supervivencia. Solamente que, a diferencia de las disputas humanas, las guerras animales no dejan campo para justificarlas, est\u00e1n por encima del Bien y el Mal, o bien por debajo, mientras que las de los humanos son haladas por fantasmas, por irrealidades (el pensamiento que se hace carne). Justo cuando mi cuerpo se volvi\u00f3 una colmena de ar\u00e1cnidos excavando mi piel, Rusia invad\u00eda Ucrania. La analog\u00eda entre las dos guerras, la invasi\u00f3n de los peque\u00f1os hu\u00e9spedes, qu\u00e9 digo, intrusos y los rusos, era que ambos violaban una ley de supervivencia que est\u00e1 tallada en nuestros cerebros: la hospitalidad, la invitaci\u00f3n a la simbiosis, el cuidado del otro como garante del propio cuidado. Tanto la guerra como la infestaci\u00f3n son disputas por la Tierra, por un explayarse en el tiempo y el espacio, una confrontaci\u00f3n de avidez de espacio. Una de las grandes diferencias era, sin embargo, que los rusos atacaron en el rinc\u00f3n tranquilo de su paz, con el impulso ego\u00edsta y autodestructivo de la discordia, mientras que la escabiosis solamente quer\u00eda sobrevivir. \u201cSe ven los canales\u201d, me dijo el m\u00e9dico mientras mi cara de horror ante el diagn\u00f3stico, mi boca abierta y encorvada en una mueca de asco, le mostraba incredulidad. Los canales bajo mi piel, esa cartograf\u00eda de la vida, entre los \u00e1caros y su ambiente, no se dejaba negar y ahora la palabra lo dec\u00eda, lo confirmaba y lo hac\u00eda: SARNA, ten\u00eda sarna. Cuando el cuerpo es el que te muestra las consecuencias de tu mal planeada, coordinada convivencia con el medio ambiente, ya no hay cabida para el negacionismo, entonces actuamos, aunque sea demasiado tarde, y nombramos el problema mientras la realidad cae sobre nuestros cuerpos como agua helada. Mi casa se convirti\u00f3 entonces en un campo de batalla, cualquier sof\u00e1 pod\u00eda ser un peligro, la nueva infestaci\u00f3n amenazante en mi almohada, en la silla, en el piso, en las cortinas, en el tapete, en mi o\u00eddo, en el cepillo de dientes\u2026 El ambiente, mi ambiente que se confunde con mi piel, mi casa, devino entonces lugar hostil e indudablemente presente, y esa hostilidad se me revelaba como si ya hubiera estado ah\u00ed durante mucho tiempo, mientras con los ojos, o\u00eddos y boca tapada, deambulaba por la casa como por una casa andante llena de bichos, rasc\u00e1ndome, rasc\u00e1ndome y rasc\u00e1ndome, ignorando que ten\u00eda un cuerpo y que no era uno, sino un cuerpo de muchos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una plaga es una proliferaci\u00f3n de la vida a costa de otra vida. Una plaga es un cuerpo de infinitas cabezas, sin centro, vivo reflejo de la flexibilidad de la vida, de su hipercomplejidad. Como tercera plaga, Dios (o Jehov\u00e1) mand\u00f3 a Mois\u00e9s a convertir con su bast\u00f3n la arena en piojos, el ambiente no org\u00e1nico se revel\u00f3 como plaga, el mundo se verti\u00f3 contra el ser humano, deviniendo agencia, deviniendo amenaza, volvi\u00e9ndose patente, presente, intenso. Ya no era un objeto, el bast\u00f3n, sino un sujeto de millones de cabezas. \u00bfNo es lo mismo que estamos viviendo hoy en d\u00eda? \u00bfUn planeta que de pronto nos est\u00e1 mostrando su mueca m\u00e1s horripilante? \u00bfLa mueca de un rostro al que se le ha dado muchos golpes y nos devuelve con sus heridas (nuestras marcas) la amenaza? Por lo pronto fue mi propio cuerpo el que mostraba la simple verdad de que estaba abierto a la otra vida, de que solamente funcionaba por esa vida, por esa apertura a los lazos invisibles (la amenaza) de esa vida cuyo puente era mi cuerpo. La apertura no es milagrosa, no se necesita de una mano de Dios que ponga a los intrusos sobre nuestra piel, es sencillamente lo que hace de la piel una piel, umbral abierto, puerta infinita de huequitos, malla de boquitas respirando. Pero hay cuerpos que est\u00e1n m\u00e1s expuestos a los ires y venires de los cuerpos diminutos que nos conectan, cuerpos m\u00e1s expuestos y abiertos, m\u00e1s hospitalarios porque andan y viven, se definen como cuerpos que tocan m\u00e1s pieles, que est\u00e1n en contacto m\u00e1s directo con los flujos de otros cuerpos, los cuerpos sin casa, los cuerpos en venta, y entre ellos los cuerpos maricas democratizados, cuerpos mensajeros, cuerpos de cuidado, cuerpos de alcantarilla, cuerpos de la oscuridad, cuerpos vergonzosos. La cultura marica, con sus lugares del encuentro an\u00f3nimo y no premeditado del cruising, es el \u00e1mbito perfecto para que estos hipercuerpos se extiendan y se contraigan, vivan, sobrevivan. Los \u00e1caros, y tambi\u00e9n las bacterias, se incrustan en los orificios m\u00e1s propicios para el surgimiento y la proliferaci\u00f3n de cuerpos m\u00faltiples \u2013 la hermosa selva de la flora intestinal, la oscura, larga y silenciosa cavidad uretral, los pliegues h\u00famedos y olorosos de las axilas, los test\u00edculos, las piernas, el delicado y fr\u00e1gil umbral de la ingle, el sancochado t\u00fanel del es\u00f3fago&#8230; El puente del cari\u00f1o, entre maricas, pero tambi\u00e9n el violento arrebato sexual entre los cuerpos, es tambi\u00e9n cuna de vida, espacio del cuidado. \u00bfNo es entonces el estigma que se deriva de esto una prueba m\u00e1s de la corpofobia neoliberal del sujeto que se cree libre, limpio e inmaculado? Los cuerpos maricas, m\u00e1s que otros, son prueba andante de la interconectividad de todos los cuerpos, entre especies, entre clases, entre razas, entre sexos, entre microorganismos \u2013 cuerpo marica, territorio micropol\u00edtico palpitante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por el mismo momento en el que mi piel era intensamente el paisaje de animalitos que no ve\u00eda, comenc\u00e9 a interesarme por las plantas. Sent\u00eda que el inter\u00e9s por la vida que siempre hab\u00eda estado alrededor m\u00edo \u2013las plantas, los animales, los insectos \u2013 hab\u00eda estado dormida, como bajo la sofocante siesta del borrachero: que mis sue\u00f1os estaban solamente llenos de letras, de palabras y bocas muy humanas hablando y pensando, seguro demasiado de las futilidades de la vida humana. Ah\u00ed estaba siempre, en el jard\u00edn de mi infancia, en la matera invisible de la cocina, en mis sue\u00f1os y mis recuerdos. Si bien me acordaba de que de peque\u00f1o me hab\u00eda fijado en ellas, y hab\u00eda cosechado el sue\u00f1o decadente de dedicarme a la alquimia callada de la recolecci\u00f3n de plantas (una obsesi\u00f3n heredada de mi hermano, que dec\u00eda hacerse a la b\u00fasqueda de una \u201cplanta reina\u201d por los jardines bogotanos y su olor \u00e1cido a c\u00e1scara de tomate), hab\u00eda dejado en mi vida adulta morir demasiadas plantas a mi alrededor y cargaba con la culpa silenciosa del despistado. Como esa excentricidad amanerada del que recolecta como una bruja plantas para catalogarlas en su geometr\u00eda oculta, algo as\u00ed eran para m\u00ed, en mi infancia, los ecologistas y ambientalistas de la \u00e9poca: hist\u00e9ricos que se rascaban el cuerpo, se ara\u00f1aban las vestiduras, diciendo que el mundo ya se hab\u00eda acabado. El b\u00e1lsamo del negacionismo que yo respiraba a mi alrededor no le quita una pizca de magia a los rituales, que como un ni\u00f1o que juega a ser astronauta, iban deviniendo mucho tiempo despu\u00e9s en prop\u00f3sito de vida: ahora quer\u00eda hacerme al cuidado de las plantas, rebajarme al ritmo lento del crecimiento y la paz vegetal, entrenarme en la silenciosa atenci\u00f3n de lo que no es evidente, del lento e invisible andar de la vida profunda, de su lento deslizarse en el agujero de su extinci\u00f3n. La sarna me mostraba en carne propia, despu\u00e9s de un mes de haber hecho caso omiso de las noches en vela, que siempre se llega a un momento en el que no nos podemos negar m\u00e1s el cuerpo y cualquier gui\u00f1o negacionista significa hacer la pantomima de qui\u00e9n no es est\u00fapido, pero pl\u00e1cidamente quiere ser uno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llen\u00e9 entonces mi casa de plantas, mientras trataba de deshacerme de los ar\u00e1cnidos. La cultura humanista que nos ha llevado a pensar que el hombre (s\u00ed solo el hombre) es el centro del mundo y que todo lo que lo rodea est\u00e1 ah\u00ed a su servicio para ser usado y desechado, ha implantado para eso la visi\u00f3n desde arriba, la del alma o el esp\u00edritu, la que ha negado la gravedad del cuerpo y por ende la de lo que lo rodea. (Si hay algo como el esp\u00edritu este solamente se diferencia levemente de la piel.) Crec\u00ed con la total indiferencia hacia mi entorno, en una casa gigante en las afueras de Bogot\u00e1 con un jard\u00edn igualmente grande cuya sublime belleza me dejaba fr\u00edo. Hasta el d\u00eda de hoy me puedo dar cuenta de que esa idea de que aquel que se interesa por lo de afuera es un \u00f1o\u00f1o, aquel que grita \u201c\u00a1pero qu\u00e9 le estamos haciendo a la Tierra!\u201d es un hist\u00e9rico, el que llena su casa de plantas un hippie, era solamente una mentira que me dec\u00edan a consciencia, la mentira de una posici\u00f3n que se niega a aceptar su entorno para poder seguir viol\u00e1ndolo, penetr\u00e1ndolo. Me hicieron pues creer que aquellos que ten\u00edan el o\u00eddo pegado a la Tierra eran malos y estaban locos, o bien que eran al menos unos hist\u00e9ricos y unos exagerados. En la televisi\u00f3n, la radio, los comentarios espor\u00e1dicos, mi familia, mis amigos, los libros, el colegio todo estaba plagado de esta autoanestesia negacionista que sigue preponderando en la cultura popular hoy en d\u00eda. Como en el caso del malvado de la temporada cuarta de <em>Stranger Things<\/em> que, al igual que ser un asesino empedernido, es un ambientalista hist\u00e9rico, un obsesionado por las ara\u00f1as, una fuerza destructiva de la civilizaci\u00f3n inspirada en la atenci\u00f3n a la decadencia de los cuerpos y a la supervivencia de lo no humano: ese malvado, que tiene los pies bien plantados en la Tierra, cuyas manos se asemejan al rizoma o al micelio, es el declarado enemigo de la cultura, de lo humano. Me llen\u00e9 de plantas entonces como en un acto subversivo, para poder sentir el lento ritmo de la insignificancia jubilosa de la supervivencia. Como me hab\u00eda negado a verlas, siempre ah\u00ed lentas y en un caos hipercomplejo de hermosura que se iba apagando, como me negaba a ver el desastre, me negu\u00e9 por un mes a caer en la cuenta de que mi cuerpo se estaba deshaciendo, que estaba siendo devorado por muchas boquitas, que hab\u00eda entrado en jaque silencioso pero irritante que no hab\u00eda sentido en carne propia \u2013 y entonces supe que mi entorno es el que me constituye, que los lazos bacterianos, microbiol\u00f3gicos, virales pero tambi\u00e9n afectivos con todo mi entorno, vivo y no vivo, eran el territorio de mi existencia que ahora me exig\u00eda cuidado y me pegaba a la Tierra. M\u00e1s que una conversi\u00f3n ecologista de lo que se trat\u00f3 fue de sentir mi cuerpo, nada m\u00e1s y nada menos, se trat\u00f3 de un acto de realismo. No me pareci\u00f3 por eso un desprop\u00f3sito el hecho de llenarme de plantas y al mismo tiempo limpiarme la superficie y el interior de mi piel de los hu\u00e9spedes que no hab\u00eda invitado. Porque ya hab\u00eda tenido varios animales invitados pero que, en calidad de inferiores animales, no hab\u00edan sobrevivido a mi indiferencia: karma, pens\u00e9 entonces, por los aullidos de Mart\u00edn, y sobre todo por esa boquita abierta de la tortuga muerta, o m\u00e1s bien asesinada, que no se me borraba de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay momentos que te tiran al suelo y te das cuenta que hay algo bajo tus pies, alrededor, arriba, adentro que te mantiene comprimido, consistente en tu insignificante existencia, tu cuerpo. Porque la desconexi\u00f3n con el cuerpo es tambi\u00e9n la desconexi\u00f3n con el mundo, con la Tierra. Mi cabeza est\u00e1 llena de momentos vergonzosos en los que la mirada de la Tierra abandonada por mi atenci\u00f3n, por mi cuidado, me devuelve desde las brumas del pasado sus ojos tristes, sus ojos tiernos. Le hab\u00eda rogado cuando ni\u00f1o a mi madre por tener un perro, y en medio de la intensidad con la que le suplicaba que cediera y la desesperaci\u00f3n ante la rigidez que ella mostraba, y antes de tirar la toalla, fui sorprendido por su aflojamiento. No lo esperaba debo aceptar, ya que me hab\u00eda sido claro desde un inicio que mi hogar no era espacio hospitalario para otros seres vivos, aunque termin\u00e1ramos adoptando varios animales que ahora me hacen pensar que tal vez mi madre me ve\u00eda el descuido en la cara. Termin\u00e9 teniendo un perro en el jard\u00edn de mi casa sabanera de infancia, un jard\u00edn amplio porque sin rejas, pero al mismo tiempo restringido por los animales de los otros jardines y por la negativa de los vecinos a aceptar animales ajenos en su cercan\u00eda. Mart\u00edn, el perro, mi perro, termin\u00f3 amarrado a un lazo de dos metros de di\u00e1metro, con acceso a una peque\u00f1a perrera y esperaba d\u00eda y noche a que lo sacara, a que lo tocara, a que lo mirara. Mi yo de entonces sentaba muy fuerte su trasero en la comodidad del negacionismo del mundo \u2013 perezoso, ciego cuerpo de ni\u00f1o glot\u00f3n que despreciaba hasta el reflejo de su propio cuerpo en el espejo. Se pod\u00eda ver a Mart\u00edn, desde las ventanas de la casa, observando la casa d\u00eda y noche para ver si ve\u00eda alg\u00fan movimiento de cortinas que delatara que estuviera adentro, se la pasaba esperando, esperando a que jugara con \u00e9l, a que lo consintiera y su vida devino un castigo de consciencia, como el espeso polvo sobre los juguetes comprados por capricho. Veo en la lejan\u00eda mi peque\u00f1o cuerpo insensible, en mi gran ignorancia de la gravedad suprema de una Tierra que me devolver\u00eda su cara m\u00e1s siniestra. Apenas me bajaba del bus del colegio, todas las tardes a eso de las cuatro, alcanzaba a o\u00edr la voz de mi mala consciencia, los aullidos de felicidad de un animal que reclamaba mi compa\u00f1\u00eda y cuyos alaridos manten\u00edan una frontera porosa con el llanto. Me sentaba a comer o a estudiar y mientras el animal me miraba al otro lado del vidrio, yo sent\u00eda tragarme la culpa de la ignorancia, del negacionismo, con la represi\u00f3n de mi propia existencia, con la insensibilidad de mi cuerpo y por ende de los otros cuerpos. Entiendo ahora mejor que la ternura es un aullido urgente que, lastimosamente, suele ser ignorado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando ten\u00eda once a\u00f1os me fui de madrugada al colegio despu\u00e9s de haber visto una imagen que no olvido hasta el d\u00eda de hoy: mis padres me hab\u00edan comprado una tortuguita que yo manten\u00eda en una pecera con un poco de agua y piedras. Las primeras semanas, sumido en el \u00e9xtasis de la novedad, me hab\u00eda hecho cargo de la tortuguita y la sacaba a pasear por el gran jard\u00edn, brincando cada minuto hacia ella para no perderla de vista. Recuerdo que a veces cuando trataba de sacarla de la pecera me mostraba sus fauces abiertas como queriendo defenderse in\u00fatilmente de las manos gigantes de ese ni\u00f1o que era yo, asustado tambi\u00e9n por la reacci\u00f3n. Pasaron semanas y la pecera se iba diluyendo en el paisaje cotidiano de mi cuarto e iba mostrando por las esquinas el leve ensombrecerse verde del abandono. Comenc\u00e9 a odiar el olor de la comida para peces que le d\u00e1bamos y ya habiendo metido la pata, dese\u00e9 muy inconscientemente su muerte para salvarme de un cuidado que me exig\u00eda ese peque\u00f1o cuerpo empolvado. Entonces ocurri\u00f3 un d\u00eda, despu\u00e9s de varios de no haber ni pasado por la pecera, que, al pasar a recoger un libro en la cercan\u00eda, me di cuenta de una posici\u00f3n extra\u00f1a del animal sobre las rocas: estaba con la cabeza y todas sus patas estiradas hacia el cielo y con la boca abierta en un grito silencioso que guardo en la memoria m\u00e1s oscura de mi pasado. La frialdad que sent\u00ed al darme cuenta de que la mala consciencia era m\u00e1s verg\u00fcenza que pena, era el hecho sintom\u00e1tico de una ni\u00f1ez que hoy trato de expurgar. Esa ni\u00f1ez poco n\u00edtida del pasado es un hormiguear irritante en mi memoria. Y todo esto, esa boca de tortuga abierta, se me agolpa en la cabeza al darme cuenta, muchos a\u00f1os despu\u00e9s del olvido de mi cuerpo, de lo que constituye mi cuerpo, mi entorno, mi cuarto, mi casa, los otros que soy yo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deb\u00eda aplicarme la crema antiescabi\u00f3tica dos veces con una pausa intermedia de una semana. Adem\u00e1s de eso deb\u00eda procurar que mis peque\u00f1os demonios no estuvieran perdidos en las grandes llanuras de las s\u00e1banas de mi cama, o en las lomas polvorientas de mi sof\u00e1. Lavar todo, todos los d\u00edas hasta que dejaran de vivir y esperar meses hasta que mi cuerpo hubiera desenterrado todos sus cad\u00e1veres. Mi hu\u00e9sped no solamente estaba incrustado en mi piel, estaba en todas partes, poblando mi mundo externo, y en esa existencia ni adentro ni afuera viv\u00edan las ara\u00f1itas en trance. Se libr\u00f3 una batalla, o eso es lo que se sent\u00eda al echarme la crema por todo el cuerpo, <em>l\u00fcckenlos,<\/em> hasta por encima de mi verga, por el tallo, el glande hasta la boca de la uretra, y sobre mis test\u00edculos, y sentir que el veneno quemaba mi piel, sabiendo que ese ardor era un term\u00f3metro de lo deliciosa que puede ser la carne en esa parte de mi cuerpo. La sarna hab\u00eda dejado marcas rojas, peque\u00f1os besos intensos que delineaban una geograf\u00eda, la estructura de nuestra relaci\u00f3n. Y esas marcas me acompa\u00f1aron por mucho tiempo, como una reminiscencia, no de una infestaci\u00f3n de escabiosis (lenguaje m\u00e9dico, lenguaje anest\u00e9sico), sino de un contacto, una experiencia de mi cuerpo que me devolvi\u00f3, con la brutalidad de las noches con las manos clavadas en la entrepierna, la verdad de la multiplicidad de mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Lina El animal cerr\u00f3 los ojos y se peg\u00f3 a la tierra.Miguel \u00c1ngel Asturias Y la vida, como ya saben, se prende con gran fuerza a algunos cuerpos.Alia Trabucco Zer\u00e1n Pens\u00e9 que era neurodermatitis, la enfermedad autoinmune con la que nac\u00ed, una enfermedad que es la condena de sentir que entre los pensamientos y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"featured_media":22124,"template":"","categories":[60,12],"class_list":["post-22154","stsp_text","type-stsp_text","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-issue-29","category-non-fiction"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - 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